Un reciente sondeo de Reuters/Ipsos reveló que solo el 17% de los estadounidenses aprueba los planes del presidente Donald Trump para adquirir Groenlandia, mientras que una abrumadora mayoría se opone a cualquier intento de anexión, especialmente si implica el uso de la fuerza militar. El estudio, realizado esta semana, muestra que el 71% considera una “mala idea” recurrir a la fuerza para tomar control de la isla, incluyendo nueve de cada diez demócratas y seis de cada diez republicanos. Apenas el 4% de los encuestados cree que sería aceptable una intervención armada, lo que refleja un rechazo generalizado a las amenazas de Washington contra Dinamarca, aliado histórico en la OTAN.

Este rechazo ciudadano contrasta con la insistencia del presidente Trump, quien ha reiterado que “Estados Unidos necesita Groenlandia por razones de seguridad nacional” y que “cualquier cosa que no sea el control estadounidense sobre la isla es inaceptable”. La Casa Blanca ha admitido que analiza “todas las opciones”, incluida la militar, para lograr este objetivo, lo que ha encendido las alarmas en Europa y ha colocado a la OTAN ante una crisis sin precedentes.

Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa, se ha convertido en el epicentro de una disputa estratégica global. Su ubicación en el Ártico, dominando la brecha GIUK (Groenlandia–Islandia–Reino Unido), la convierte en un punto clave para el control de rutas marítimas y operaciones militares en el Atlántico Norte. Además, la isla alberga recursos minerales críticos, como tierras raras, esenciales para la industria tecnológica y la transición energética, lo que explica el renovado interés de Washington en un contexto de competencia con Rusia y China.

La reacción europea ha sido inmediata y contundente. Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, España y Polonia emitieron un comunicado conjunto reafirmando que “Groenlandia pertenece a su pueblo” y advirtiendo que cualquier intento de anexión violaría el derecho internacional y pondría en riesgo la cohesión de la OTAN. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, calificó las amenazas como “inaceptables” y alertó que un ataque contra Groenlandia “significaría el fin del sistema de seguridad transatlántico”. Paralelamente, la Unión Europea estudia activar el artículo 42.7 del Tratado de la UE, que prevé asistencia mutua en caso de agresión armada, mientras varios países han reforzado su presencia militar en el Ártico para disuadir cualquier movimiento unilateral de Washington.

El debate sobre Groenlandia no es nuevo. Estados Unidos ya intentó comprar la isla en varias ocasiones: tras la compra de Alaska en 1867, en 1910 mediante un intercambio territorial y en 1946 con una oferta formal de 100 millones de dólares en oro. Dinamarca rechazó todas las propuestas, y la isla ha mantenido su estatus dentro del reino danés, con un amplio régimen de autogobierno desde 2009. Hoy, sin embargo, la insistencia de Trump y la posibilidad de una acción militar colocan al Ártico en el centro del tablero geopolítico, en un momento marcado por el deshielo, la apertura de nuevas rutas comerciales y la carrera por recursos estratégicos.

La encuesta de Reuters/Ipsos confirma que la opinión pública estadounidense no respalda esta ambición, lo que añade presión interna a una Casa Blanca que ya enfrenta críticas bipartidistas por amenazar a un aliado histórico. Mientras tanto, Europa se prepara para un escenario que podría redefinir las reglas del orden internacional y poner a prueba la solidez de las alianzas occidentales en el Ártico.