Lo verdaderamente alarmante no es lo que señalan los opositores, sino lo que los propios actores del oficialismo han terminado por admitir: la cooptación de los tres Poderes de la Unión ya no es una sospecha, es una realidad que ellos mismos confirman. El Partido del Trabajo minimiza la necesidad de una Reforma Electoral, mientras que MORENA, con todo y su bloque de aliados, exhibe fracturas internas que evidencian un proyecto que se desmorona desde sus cimientos.
El agandalle dejó de ser disimulado. Hoy es descarado, sin pudor ni límites. La ambición por el poder se ha convertido en su único objetivo, incluso si eso implica dinamitar las instituciones que sostienen la democracia mexicana. No buscan fortalecerla, quieren someterla, arrodillarla, convertirla en un instrumento dócil para sus intereses.
Frente a esta embestida, el PRI lanza un mensaje claro: no habrá silencio ni rendición. Alejandro Moreno Cárdenas, presidente nacional del partido, advierte que la defensa de la pluralidad, la autonomía y las instituciones será una batalla frontal. “No nos van a callar. No nos vamos a rendir. Vamos a dar la batalla hasta el final”, sentencia, dejando claro que la lucha no es solo política, sino por la esencia misma de la democracia.
En un escenario donde el oficialismo pretende imponer su voluntad sin contrapesos, la resistencia se convierte en obligación. Porque cuando el poder se ejerce para destruir, la respuesta debe ser firme, crítica y sin concesiones.

