En el marco de la cuarta sesión del Seminario “La vida en el centro. Cuidados, trabajos y bien común desde los territorios”, la Unidad Académica Profesional Tejupilco de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) se convirtió en un espacio de diálogo y reflexión en torno a la caficultura como eje articulador del desarrollo rural, la identidad cultural y la sostenibilidad ambiental. La conferencia “El café del sur mexiquense. Ruralidades, sistemas agroalimentarios y agricultura familiar”, impartida por el caficultor originario de Amatepec, Gabriel Rojo Vences, puso sobre la mesa la importancia de mirar al campo no solo como productor de alimentos, sino como generador de bienestar social y bien común.
Durante el encuentro, la doctora Norma Baca Tavira, acompañada de la directora de Centros Universitarios y Unidades Académicas Profesionales Región Sur, María del Carmen Domínguez Ramírez, destacó que este seminario, realizado en coordinación con la Secretaría de Ciencia, forma parte de una estrategia institucional impulsada bajo el liderazgo de la rectora Martha Patricia Zarza Delgado. Dichas acciones buscan ampliar la reflexión sobre los cuidados como un eje central de la agenda socioeconómica contemporánea y de las políticas públicas, particularmente desde una perspectiva territorial que reconozca la diversidad de realidades locales.
Baca Tavira subrayó que la producción agrícola, y en especial la caficultura, va más allá de una actividad económica. Se trata de un proceso que transforma los territorios, articula saberes locales y establece relaciones profundas entre las comunidades y su entorno natural. En este sentido, enfatizó que cultivos como el café generan beneficios que impactan no solo en la economía familiar, sino también en la vida comunitaria y en el desarrollo estatal, al tiempo que promueven prácticas de cuidado del medio ambiente y de los recursos naturales.
Por su parte, María del Carmen Domínguez Ramírez señaló que este tipo de actividades académicas refrendan el compromiso de la UAEMéx con el análisis de las problemáticas regionales y la vinculación social del conocimiento. Destacó que la región sur del Estado de México posee una vasta riqueza cultural y ambiental, estrechamente ligada a las actividades agropecuarias, las cuales constituyen un patrimonio vivo que debe ser estudiado, valorado y fortalecido desde la academia.
En la misma línea, la encargada del despacho de la coordinación de la Unidad Académica Profesional Tejupilco, Belem Salvador Benítez, afirmó que iniciativas como esta permiten acercar la ciencia y el conocimiento a las regiones del sur mexiquense. Además, consolidan a la UAEMéx como un espacio de reflexión crítica sobre los sistemas agroalimentarios, con el objetivo de protegerlos, comprender su complejidad y potenciar su desarrollo en beneficio de la entidad y de sus comunidades rurales.
Durante su ponencia, Gabriel Rojo Vences ofreció una mirada integral sobre la caficultura mexiquense, a la que definió como un ejemplo claro de cómo el desarrollo rural puede fortalecerse a partir de prácticas sostenibles y esquemas de comercio justo. Estas estrategias, explicó, contribuyen al bienestar de las comunidades rurales y promueven un desarrollo más equitativo, al reconocer el trabajo de las y los productores y su papel en la preservación de los territorios.
El caficultor destacó que los territorios cafeteros configuran ruralidades específicas, en las que la producción del grano no solo estructura la economía local, sino también las identidades culturales, las prácticas sociales y las relaciones territoriales. En estos espacios, dijo, el café se encuentra estrechamente vinculado con las festividades locales, la arquitectura tradicional y los sistemas de conocimiento ancestral relacionados con el manejo del suelo y la conservación de las variedades del grano.
Finalmente, Rojo Vences sostuvo que la experiencia del café en el sur mexiquense evidencia la necesidad de transformaciones profundas en los sistemas agroalimentarios globales. Estas transformaciones, afirmó, deben reconocer el valor social, cultural y ambiental que generan las y los productores, más allá del producto que cultivan. Solo así será posible garantizar la sostenibilidad de las ruralidades y de la agricultura familiar, colocando la vida, los cuidados y el bien común en el centro del desarrollo.

