La economía mexicana atraviesa un momento crítico que amenaza con prolongarse durante 2026. De acuerdo con el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), el país apenas alcanzará un crecimiento estimado del 0.8%, cifra que refleja una desaceleración preocupante frente a los retos internos y externos. A esto se suma una inflación persistente que continúa presionando el poder adquisitivo, así como una caída en la inversión fija bruta que acumula más de 13 meses consecutivos, lo que evidencia la falta de confianza empresarial y la parálisis en proyectos productivos.

Los analistas advierten que la revisión del T-MEC prevista para mediados de año podría convertirse en un factor de incertidumbre adicional, especialmente si se intensifican las tensiones comerciales con Estados Unidos. A nivel interno, la falta de políticas claras para incentivar la inversión y la ausencia de reformas estructurales han limitado la capacidad de reacción del gobierno ante un entorno global marcado por volatilidad financiera y riesgos geopolíticos.

Aunque se espera que el gasto en infraestructura y la organización del Mundial 2026 aporten un ligero impulso, este efecto sería temporal y no resolvería los problemas de fondo: baja productividad, informalidad laboral y un déficit fiscal que amenaza con crecer si no se implementan ajustes. Expertos coinciden en que México necesita medidas urgentes para evitar un estancamiento prolongado que podría derivar en pérdida de competitividad y mayor desigualdad social.