Francisco Reséndiz

Pese a las tensiones y los frentes abiertos con Venezuela, Rusia, China y la Unión Europea, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantiene firme su decisión de presionar al gobierno de México en busca de aniquilar a los líderes del narcotráfico mexicano y con ello -desde su visión- contener el tráfico de estupefacientes que inundan las calles de su país.

La víspera, México entregó a Estados Unidos 37 capos mexicanos de la droga. En el gabinete de seguridad nacional me comentan que son acciones que ratifican el compromiso de colaboración del gobierno mexicano -claro, bajo la sombra de una incursión militar en territorio nacional- y los vecinos lo reconocen ampliamente.
Pero, de acuerdo con fuentes diplomáticas, estas acciones aún se ven como insuficientes y el gobierno de Trump conserva dentro de sus más grandes objetivos a nueve capos que controlan la mayor parte del negocio de las drogas a nivel global y al mismo tiempo son los más grandes introductores de fentanilo, anfetaminas, cocaína y marihuana a su territorio.

Quieren las cabezas de Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho”, Jesús Alfredo Guzmán Salazar “Alfredillo”, Iván Archivaldo Guzmán Salazar “Tocallo”, Aureliano Guzmán Loera “El Guano”, Alfonso Limón-Sánchez “Poncho Limón”, Heriberto Salgueiro Nevárez, José Salgueiro Nevárez y Ruperto Salgueiro Nerváez herederos del cartel “Gente Nueva”, e Isidro Meza Flores “El Chapo Isidro”, heredero de los Beltrán Leyva.

Cualquier otra acción lo ven sin peso específico en el escenario real.

Las empresas criminales que quiere desmantelar a toda costa Trump son el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel Gente Nueva y son estos nueve delincuentes los que controlan sus operaciones y Estados Unidos ofrece más de 65 millones de dólares (mil 47 millones 192 mil pesos mexicanos) por información que lleve a su captura.

El informe de la DEA 2025 confirma que tras la caída de Joaquin “El Chapo” Guzmán, el Cártel de Sinaloa se dividió en tres facciones: Los Chapitos, liderada por los hijos del capo; La Mayiza, en donde se ha identificado a Poncho Limón como sucesor de El Mayo Zambada; y Los Guanos, comandados por Aureliano Guzmán Loera.

Las agencias de seguridad estadounidenses ofrecen 15 millones de dólares por El Mencho, 10 millones de dólares por cada uno de los hijos de El Chapo Guzmán, 10 millones de dólares por la captura de El Guano, y 5 millones de dólares por información para capturar a cada uno de los hermanos Salgueiro Nevárez y otros 5 millones por El Chapo Isidro.

Son objetivos prioritarios para Estados Unidos, quiere sus cabezas sin importar lo que cueste y por ello filtraciones -no confirmadas, pero tampoco desmentidas- de políticos mexicanos vinculados con el crimen organizado. Se trata de narrativa generada por funcionarios estadounidenses para presionar a los mexicanos, me dicen.

El valor por la captura de cada una de las cabezas de los cárteles mexicanos -señalados como grupos terroristas por la administración Trump- no son una medida desesperada de la justicia de Estados Unidos, representa un mensaje firme para definir el peso específico de cada criminal en su lucha contra el narco que cobra la vida de unas 80 mil personas cada año.

Tras la incursión militar en Venezuela y la confrontación directa con sus más grandes aliados militares -alineados en la OTAN- México tiene claro que la cooperación en materia de seguridad y combate al crimen trasnacional será la herramienta más poderosa para mantener una relación sana con Estados Unidos… a menos de que Trump amanezca con una nueva ocurrencia sobre México.

RADAR

LIDERAZGO. Me encuentro muy agradecido por la invitación de la Universidad Anáhuac a la ceremonia donde el rector de esta institución, el Doctor Cipriano Sánchez García, quien en su mensaje -donde destacó la excelencia académica, el liderazgo, la vinculación internacional, becas, igualdad y no discriminación y el crecimiento de esta Casa de Estudios, entre otros puntos- hizo una serie de reflexiones que llaman profundamente a la reflexión:

“Debemos ser capaces de ofrecer respuestas a la pregunta de hacia dónde camina una sociedad a veces radicalizada, polarizada, manipulada, en la que pareciera que la confusión entre la mentira y la verdad, la información y la formación, prima en muchas situaciones”.

“Vivimos en una sociedad donde los modelos relacionales entre jóvenes, familias, comunidades, empresas y naciones están marcados por la superficialidad y el individualismo. Esto genera el riesgo de convertir la universidad en una institución superficial, que solo adiestra en competencias y transmite datos, en lugar de formar personas”.

“La historia reciente del pensamiento humano, con las grandes decepciones surgidas por la caída de regímenes políticos y sistemas filosóficos, económicos y sociales que pensábamos inalterables —como decía el gran comentarista y sociólogo Fukuyama, que habíamos llegado al fin de la historia—, nos muestra que estas ideologías y estructuras han sido sustituidas, en parte porque la realidad las ha superado: la realidad con su tecnología, sus desigualdades sociales, con situaciones en las que el ser humano ha querido manipular a otros seres humanos”.

“Ante el ritmo de la vida moderna que al reducir los espacios de reflexión y de intercambio, nos convierte en personas que reaccionan al primer impulso y aceptan, sin crítica ni racionalidad, más un pensamiento ajeno que el propio, la universidad debe abrir nuevos horizontes”.

Las reflexiones del Doctor Sánchez García retratan el momento histórico que vive el país.