El presidente de la Junta de Coordinación Política y coordinador del grupo parlamentario de Morena, Ricardo Monreal Ávila, advirtió que el Congreso de la Unión tiene como límite la segunda semana de febrero para recibir la iniciativa de reforma electoral, un proyecto que se perfila como uno de los más relevantes en la agenda legislativa y que mantiene bajo tensión a las fuerzas políticas.
En entrevista tras la inauguración del Modelo Parlamentario Universitario en la Universidad Nacional Rosario Castellanos, Monreal precisó: “Tenemos hasta febrero, la segunda semana de febrero para recibir la iniciativa; los tiempos se nos ajustan, pero nuestro plazo es febrero. Ojalá y el entendimiento entre los tres partidos, PT, PVEM y Morena, pueda llegar a un feliz término”. Con esta declaración, el legislador dejó claro que la cuenta regresiva ya comenzó y que cada día sin avances incrementa la presión.
El coordinador morenista recordó que la presidenta Claudia Sheinbaum reveló la existencia de un borrador con propuestas de modificación constitucional, aunque reconoció no haber recibido ningún documento formal. “Creo que la próxima semana seguirán dialogando”, señaló, dejando entrever que las negociaciones internas aún no alcanzan un consenso definitivo.
Cuestionado sobre si la falta de envío de la iniciativa genera tensión, Monreal no dudó: “Sí mete presión. Cada día que pasa, sí mete presión; pero tenemos de plazo hasta la segunda semana de febrero para la llegada de la iniciativa. Ojalá y lo logremos”. El legislador fue categórico al subrayar que sin el respaldo del PVEM y el PT, la reforma constitucional es inviable: “Sin ellos no hay posibilidades de reformas constitucionales”.
Sobre el riesgo de que la iniciativa no se presente, Monreal admitió que la falta de acuerdos mantiene abierta esa posibilidad: “Si no tenemos entendimientos y acuerdos, sigue”. No obstante, aseguró que las reuniones continuarán esta y la próxima semana, y que pronto iniciará la redacción formal del proyecto.
La advertencia es clara: Morena y sus aliados enfrentan un reloj legislativo que no se detiene. El desenlace dependerá de la capacidad de negociación y de la voluntad política para concretar una reforma que podría redefinir las reglas del juego electoral en México.

