Hace medio siglo, la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) sembró una de las semillas más importantes para su desarrollo académico y administrativo: la innovación tecnológica. Con la inauguración del Centro de Investigación, Cálculo e Informática (CICALI), hoy Dirección de Tecnologías de la Información y Comunicaciones (DTIC), la Máxima Casa de Estudios mexiquense abrió la puerta a la era digital, en un contexto en el que la computación comenzaba a transformar silenciosamente al mundo.
El 9 de septiembre de 1975 quedó marcado como una fecha histórica para la Universidad. Durante el gobierno estatal de Carlos Hank González y el rectorado de Jesús Barrera Legorreta, el ingeniero José Uribe Sánchez asumió como primer director del CICALI y encabezó su inauguración oficial. Detrás de este logro se encontraba la visión de un grupo de ingenieros de la entonces Escuela de Ingeniería de la UAEMéx, quienes comprendieron que la computación no era una moda pasajera, sino una herramienta estratégica para fortalecer la docencia, la investigación y la administración universitaria.
Uno de los hitos más emblemáticos de esta primera etapa fue la llegada de “La Ramona”, la primera computadora de la Universidad. Se trataba de un equipo Honeywell con capacidad para procesar 806 kilobytes por segundo, una cifra que hoy puede parecer modesta, pero que en su momento representó un salto tecnológico sin precedentes. Gracias a este equipo fue posible realizar cálculos complejos, registrar información y generar impresiones con una rapidez que transformó los procesos académicos y administrativos, posicionando a la UAEMéx entre las instituciones pioneras en el uso de la computación en México.
Con el paso de los años, el CICALI evolucionó de manera paralela al avance tecnológico y a las necesidades institucionales. En 1990 adoptó el nombre de Centro de Servicios de Cómputo y, un año después, se convirtió en la Dirección de Servicios de Cómputo. Más adelante, en 2005, se integró a la estructura de la Secretaría de Administración; en 2007 fue adscrita a la Oficina de la Rectoría y, finalmente, desde 2009, opera bajo la denominación de Dirección de Tecnologías de la Información y Comunicaciones (DTIC), consolidándose como un área estratégica para el funcionamiento integral de la Universidad.
Actualmente, la DTIC es encabezada por Guillermina Pérez Martínez, quien subraya que la misión de esta Dirección es transformar los procesos académicos, administrativos y operativos mediante soluciones tecnológicas que conecten, automaticen y fortalezcan la capacidad de innovación de la UAEMéx. “Somos el sistema nervioso digital de la Universidad”, afirma, al destacar que desde esta área se brindan servicios esenciales como el desarrollo de software institucional, la infraestructura de red, el centro de datos, la gestión de plataformas colaborativas como Microsoft Teams, el correo institucional, las firmas electrónicas, el soporte a dispositivos móviles y la capacitación tecnológica, entre muchas otras funciones.
La titular de la DTIC recordó que esta dependencia ha sido testigo y protagonista de una profunda transformación tecnológica. Desde los tiempos de las tarjetas perforadas hasta la consolidación de redes inalámbricas, centros de datos y sistemas institucionales, la evolución ha sido constante. Entre los desarrollos más relevantes se encuentran el Sistema Integral de Información Administrativa (SIIA), el Sistema de Correspondencia Institucional (SICOINS) y la plataforma de Servicios Educativos SEDUCA, además de aplicaciones móviles y certificaciones que han colocado a la UAEMéx a la vanguardia tecnológica a nivel nacional.
Sin embargo, el avance no se detiene. “La tecnología avanza por etapas y cada una implica nuevos retos. Hoy, el principal desafío es la renovación de la infraestructura tecnológica y el desarrollo de soluciones digitales que se han convertido en herramientas clave para estudiantes, docentes e investigadores”, subrayó Guillermina Pérez Martínez, al destacar la importancia de seguir invirtiendo en innovación para responder a las exigencias del presente y del futuro.
A cincuenta años de su fundación, la DTIC y sus antecesores no solo representan un legado de innovación tecnológica, sino también la visión de una Universidad que ha sabido adaptarse a los cambios y anticiparse a los desafíos de la transformación digital. Una historia que confirma que la tecnología, cuando se integra con sentido académico y social, se convierte en un pilar para la excelencia educativa y el desarrollo institucional.

