FRANCISCO RODRÍGUEZ
Basta con escuchar lo que se dice en las mentiñeras de la señora Claudia Sheinbaum para entender porque día a día el régimen de Cuarta… Transformación nos hunde en la mediocridad.
Pocas definiciones tan concluyentes sobre la característica de la mediocridad humana, como la recetada por el pensador ítalo-argentino José Ingenieros. En su tratado sobre El hombre mediocre, el filósofo afirma que “sólo tiene rutinas en el cerebro y prejuicios en el corazón”. Certero como un balazo.
En las mentiñeras las cantaletas son rutinarias: “País libre, autónomo, soberano”, “no tengo información sobre eso”, “que lo informe la Fiscalía”, que… siempre lo mismo que es nada.
Los hombres y pueblos en decadencia, afirma Ingenieros, viven acordándose de dónde vienen. Los hombres geniales y los pueblos fuertes sólo necesitan saber adónde van. “El mediocre es dócil, maleable, ignorante, es un ser vegetativo, carente de sensibilidad, cómplice de los intereses creados, rasgos que acaban convirtiéndolo en un borrego”.
¿Por eso siguen echándole la culpa a lo que llaman conquista española? ¿Al neoliberalismo? ¿A Felipe Calderón y a Genaro García Luna?
En su vida acomodaticia el mediocre se vuelve vil y escéptico, cobarde, dijo Ingenieros. Siempre intenta opacar desesperadamente toda acción noble. Tiene como rutina el hábito de renunciar a pensar. La ambición de poder es una mala hierba, que sólo crece en el solar abandonado de una mente vacía. Las palabras de Ingenieros parecen retratar a los investidos por los más altos cargos de un sistema corrupto como el mexicano. En primer lugar Peñita, indiscutiblemente.
Aquí se embelesan con las porras
En nuestro tiempo y bajo las circunstancias actuales la ambición de poder se justifica cuando existen las condiciones reales para que se dé. Quien ha hecho su vida deseando, peleando, obteniendo, ejerciendo y disfrutando el poder en beneficio de los demás merece eso y más. Sin embargo, hasta los grandes personajes que han estado en esa disyuntiva, lo han pensado.
Los hombres y las mujeres de poder tienen en una estima real su importancia personal. Como se saben libres, no requieren ser halagados por las esforzadas hormigas ni por las industriosas y ricas abejas. No necesitan mandar desenfrenadamente sobre los demás, ni ser obedecidos lacayunamente por aquéllos a los que ni conocen. Para el mediocre, en cambio, esto sería una gran fiesta.
Un hombre superior rehúye de los cansados y repetitivos esquemas del protocolo cívico, de ésos que lo constriñen a escuchar innumerables veces al día los himnos y los cumplidos vanos. Se niega a acatar una agenda repleta de vacuidades y ceremonias estultas que prefiere conceder a los que gozan de esas nimiedades. Aquí no. Aquí se embelesan con los gritos y las porrras.
Por ello, el hombre superior, dice Ingenieros, es soñador, entusiasta, culto, de personalidad diferente, generoso, indisciplinado contra los dogmáticos. Es un ser afín a lo cualitativo y puede distinguir entre lo mejor y lo peor; no entre el más y el menos, como lo haría el mediocre.
Por lo general, el hombre superior prefiere abandonar las actitudes de someter las ideas al cedazo de los publicanos, de los que hacen su vida a base de llenar de piedritas y obstaculizar con los demonios del presupuesto, reales o ficticios, según su conveniencia, el cumplimiento de sus grandes metas, de los afanes de reivindicación popular a que se siente comprometido.
Aquí, algunos casos ejemplares
Un repaso somero de algunas decisiones cruciales tomadas por los grandes personajes de nuestro tiempo, hacen concluir que el rehusar a someterse a esas horcas caudinas, fue lo que los llevó a preferir ocultarse de las candilejas para poder pensar y ejecutar enormes tareas que, de otra manera, hubieran sido casi imposibles. Aquí la aparición diaria es requisito para hacerse sentir… aunque no entender.
Vea usted estos ejemplos:
Poco después de ganar la Gran Marcha y propinar una paliza a los intervencionistas gringos en China, por defender al sátrapa Chiang kai- shek, Mao Tse Tung dejó las cargas de la Presidencia de la República Popular, para conservar el liderazgo absoluto del Partido Comunista y dejar la bisutería gubernamental en manos de Liu Shaoqui, Soong Ching-li y Dong Biwu.
Después de regresar a instalar la V República francesa, y acotado por los burócratas y la tecnocracia, Charles De Gaulle optó por retirarse de la arena política, y prefirió encarnar lo que simplemente fue La France. Desde ahí dirigió mejor las ideas y fue congruente con sus posiciones, hasta el retiro definitivo a Colombey Les deux Eglises, donde murió y pasó a la eternidad.
Fidel Castro, el que dígase lo que se diga, fue uno de los más grandes latinoamericanos del siglo XX, jamás disfrutó ser el Presidente de Cuba, y siguiendo el ejemplo de Mao prefirió las trincheras ideológicas del Partido Comunista cubano. Jamás fue tentado por los halagos de Jefe de Gobierno, prefirió ser el Comandante de una Revolución. En el camino, se encontró con los oficios de Osvaldo Dorticós, y sus burócratas que siempre fueron fieles a sus instrucciones. Lo mantuvo de Presidente desde 1959 hasta 1976. Castro fue Primer Ministro y Presidente del Consejo del Estado, de 1976 hasta el año 2008.

Aquí sí lo entendió López Obrador
Relataba Steven Goldzwig , que una vez le confió Harry S. Truman, al comprobarse que había ganado la elección estadunidense Dwight D. Eisenhower, que ya quería ver a “ese generalito” cuando se sentara en el Salón Oval, ordenara flanco derecho, y los súbditos interpretaran las órdenes al revés. Porque todo era un asunto de roles de gobierno, y nadie puede hacer realidad lo que piensa cuando los tecnócratas y expertos se filtran en sus decisiones. Eisenhower nunca tuvo más poder que como Comandante de los ejércitos aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Jamás se imaginó el poder acotado de un Presidente gringo frente a la influencia e intereses de las grandes corporaciones transnacionales.
Aquí pasa lo mismo.
La clase política gobernante mexicana no comulga con esas ideas, menos con esa manera de ser. Por su ADN corren los flujos de la corrupción y de la ignorancia, de la supina mediocridad, la que les acerca dinero, poder desmedido y caprichatos al gusto. Cada vez producimos más comaladas sexenales de millonarios que la anterior marca registrada.
Andrés Manuel López Obrador sí lo entendió y por ello se retiró a Casa “La Chingada”.
Dejó a Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional para que ejecutara sus órdenes.
Sólo que ella lo hace desde la más absoluta mediocridad.
Indicios
Son varias las versiones que la señora Sheinbaum ha brindado en sus mentiñeras sobre el envío de petróleo al régimen dictatorial cubano. Sergio Sarmiento, respetado colega, brindó hace unos días una muestra, luego de una confusa respuesta que embrolló todavía más la “explicación”: “Otro reportero regresó al tema, pero la Presidenta siguió enredándose en sus respuestas: ‘Pemex toma sus decisiones en la relación contractual que tiene con Cuba a partir de las decisiones que toma’. Sí, así lo dijo. ¿Y por qué ahora se suspende el envío? ‘Pues, así como durante un tiempo no se envió y después sí se envió, y otro tiempo no se envió y sí se envió’. Parece que la Presidenta (sic) se inspiró en La Chimoltrufia para responder. Estas respuestas generan preocupación. Lo único que denotan es evasión o confusión. ¿A quién se le ocurre decir que Pemex toma las decisiones soberanas que le corresponden al Estado mexicano? ¿Qué significa, por otra parte, que durante un tiempo no se envió, pero después sí, y luego no, y después sí?” * * * Por hoy es todo. Le reconozco la lectura de este texto y, como siempre, le deseo ¡buenas gracias y muchos, muchos días!

