La Habana, Cuba — En un momento de creciente tensión interna y presiones internacionales, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, protagonizó este jueves una inusual y extendida comparecencia televisada para abordar la gravísima crisis energética que atraviesa la isla. En un discurso que ha marcado la agenda política de la región, el mandatario reconoció abiertamente un “desabastecimiento agudo de combustible” y anunció que su Gobierno está ultimando un plan de emergencia para intentar estabilizar la situación.
La intervención presidencial ocurre en un contexto marcado por apagones prolongados, escasez de combustibles, inflación y crecientes reclamos sociales. Díaz-Canel atribuyó gran parte de la crisis al endurecimiento de las sanciones estadounidenses, que han limitado el acceso del país al petróleo y los recursos financieros necesarios para sostener la economía y los servicios básicos.
Crisis energética, apagones y desabastecimiento
La crisis se ha intensificado en las últimas semanas, luego de que Estados Unidos decidiera cerrar el flujo de petróleo venezolano hacia Cuba tras asumir el control del sector petrolero en Venezuela y poner fin al suministro de crudo y financiamiento desde Caracas hacia la isla. A este golpe se suman otros factores externos: Washington anunció que México dejaría de suministrar petróleo a Cuba, tras firmar un decreto que podría imponer aranceles adicionales a cualquier país que provea crudo al país caribeño.
El impacto de esta crisis no es solo económico sino palpable en el día a día de la población. La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) informó que el miércoles por la noche se produjo un apagón masivo en el oriente de la isla, con una falla en la subestación Holguín 220 kV. Este corte dejó sin electricidad a las provincias de Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo, además de afectar parcialmente a Holguín.
La red eléctrica cubana arrastra problemas estructurales desde años atrás por el deterioro de una infraestructura envejecida, combinada con la escasez de combustibles. Desde finales de 2024, la isla ha sufrido múltiples apagones generalizados y parciales debido a fallas en centrales termoeléctricas obsoletas —la mayoría inauguradas en las décadas de 1980 y 1990— que enfrentan averías constantes o deben cerrar por mantenimiento prolongado. El Gobierno cubano sostiene que las sanciones estadounidenses han dificultado las reparaciones y el acceso a repuestos, aunque economistas independientes señalan que la falta de inversión estatal acumulada es un factor estructural determinante.
Diálogo condicionado con Estados Unidos
En su mensaje, Díaz-Canel se mostró dispuesto al diálogo con Estados Unidos, pero enfatizó que cualquier conversación debe ocurrir “sin presión ni imposiciones, manteniendo la soberanía y el respeto”. El mandatario evoca la tradición revolucionaria cubana de no ceder ante exigencias externas, aunque reconoció la necesidad de explorar opciones diplomáticas para aliviar la situación energética.
Esta postura se da en medio de tensiones diplomáticas crecientes, tras denuncias mutuas entre La Habana y Washington. Mientras Cuba insiste en que las sanciones y el embargo —vigente desde 1962— estrangulan su economía, Estados Unidos ha afirmado estar abierto a contactos de alto nivel, aunque condiciona cualquier avance a cambios en la política interna cubana.
Reacciones nacionales e internacionales
La crisis ha generado reacciones más allá de la isla. En México, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció su intención de enviar ayuda humanitaria a Cuba, y manifestó que está buscando un acuerdo con Estados Unidos para retomar el suministro energético al país caribeño. La postura mexicana ha sido prudente, diferenciando entre contratos comerciales de Pemex —que ya suministró crudo en 2025 por casi 500 millones de dólares— y ayuda de emergencia para enfrentar el colapso actual.
A nivel global, el secretario general de la ONU, António Guterres, expresó su preocupación por el impacto humanitario de la crisis cubana. Su portavoz advirtió que la situación podría “empeorar o colapsar” si no se satisfacen las necesidades de combustible de la isla, subrayando que el drama no solo afecta al sistema energético sino también a servicios esenciales como salud, educación y transporte.
Por su parte, organizaciones internacionales y observadores advierten que la falta de electricidad y combustibles exacerba la vulnerabilidad de la población, provocando un deterioro en la calidad de vida y alimentando tensiones sociales que, en los últimos años, han derivado en protestas por la falta de servicios básicos.
Un futuro incierto
Frente a este panorama, el Gobierno cubano asegura que trabaja en un plan de emergencia que incluirá racionamiento energético y medidas para sostener los servicios públicos. Sin embargo, expertos independientes señalan que solo inversiones significativas y una reconfiguración del sistema productivo podrían ofrecer una solución sostenible a la crisis. La posibilidad de ampliar la capacidad instalada de energías renovables, especialmente la solar, ha sido mencionada por las autoridades, aunque su viabilidad a gran escala aún es objeto de debate.
Mientras tanto, millones de cubanos viven bajo la sombra de apagones constantes, un desabastecimiento creciente y la incertidumbre de saber si una nueva era de tensiones y desafíos quizá transforme de manera irreversible la vida cotidiana en la isla.

