Un artículo de la periodista María Beth Sheridan, publicado en The New York Times, volvió a colocar a México en el centro de una narrativa internacional que cuestiona la capacidad del Estado mexicano para enfrentar al crimen organizado y que, además, sugiere una presunta infiltración del narcotráfico en las estructuras del poder político, particularmente dentro del partido Morena.

En su texto, Sheridan retoma las reiteradas amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha presionado para desplegar tropas estadounidenses en territorio mexicano con el argumento de “eliminar a los cárteles” responsables del tráfico de fentanilo y otras drogas. La periodista subraya que el principal obstáculo para esa estrategia es la negativa de la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien Trump describió como una mandataria “atemorizada” por los cárteles y sin control real del país, afirmando que “los cárteles gobiernan México”.

Aunque reconoce la peligrosidad de las organizaciones criminales, Sheridan sostiene que el enfoque de Trump es simplista y omite —según su análisis— el verdadero núcleo del problema: la presunta integración de redes criminales dentro del propio aparato del Estado mexicano. En ese sentido, afirma que el narcotráfico no solo enfrenta al Estado, sino que en muchos casos forma parte de él, a través de vínculos históricos entre autoridades, partidos políticos y grupos delictivos.

El texto apunta directamente a Morena, partido de la presidenta Sheinbaum, al señalar que cuenta con figuras de alto perfil que enfrentan acusaciones serias de vínculos con el crimen organizado. Bajo esa lógica, combatir de manera frontal a los cárteles implicaría no solo enfrentar a organizaciones criminales, sino desmantelar estructuras de poder local y regional que —según la autora— sostienen la gobernabilidad en amplias zonas del país, incluso dentro de la propia coalición gobernante.

Sheridan también cuestiona la fortaleza política de Sheinbaum al interior de Morena, al asegurar que no ejerce el mismo control que su antecesor, Andrés Manuel López Obrador. Describe a un partido dividido en facciones leales a la presidenta y al expresidente, separadas más por lealtades personales que por diferencias ideológicas, lo que —afirma— limitaría la capacidad de Sheinbaum para emprender acciones contundentes contra la corrupción sin arriesgar la estabilidad interna del partido rumbo a las elecciones intermedias.

En su análisis, la periodista critica además la visión predominante en Estados Unidos sobre el narcotráfico en México, influida —dice— por narrativas simplificadas como las de series televisivas, que reducen el fenómeno a capos carismáticos y violencia explícita. En contraste, sostiene que existe evidencia histórica de una relación estructural entre el poder político y el crimen organizado que se remonta a más de un siglo, incluyendo el periodo del partido hegemónico, cuando autoridades locales y federales protegían a determinados grupos criminales a cambio de beneficios económicos.

El artículo del New York Times se inscribe en una línea editorial que vuelve a presentar a México como un Estado débil o capturado, justo en un momento de tensión bilateral y de redefinición de la relación con Estados Unidos. Para críticos de este enfoque, el texto no solo refuerza estereotipos, sino que abre la puerta a justificar presiones externas o incluso narrativas intervencionistas bajo el argumento del combate al narcotráfico.

La publicación ha generado reacciones en círculos políticos y diplomáticos, al considerar que mezcla análisis histórico con juicios políticos que colocan a la presidenta de México en una posición de vulnerabilidad frente a Washington, en un contexto donde la defensa de la soberanía nacional se ha convertido en uno de los ejes centrales del discurso del gobierno mexicano.