Italia abrió un nuevo capítulo en la gestión de su patrimonio histórico al comenzar a cobrar a los turistas por acceder a la zona monumental de la Fuente de Trevi, uno de los símbolos más reconocibles de Roma y del país. Bajo el argumento de combatir el turismo excesivo, las autoridades capitalinas implementaron una tarifa de dos euros por visitante, una decisión que ha generado debate al poner precio a un espacio que durante siglos fue de acceso libre.
El nuevo sistema de cobro arrancó con una alta demanda. El asesor de turismo de Roma, Alessandro Onorato, informó que en las primeras horas se vendieron alrededor de 3 mil boletos, se registraron otras 3 mil reservas en línea y más de 500 accesos presenciales, cifras que evidencian que el atractivo del monumento permanece intacto pese a la nueva barrera económica.
Más allá del discurso de orden y conservación, el componente financiero es central en la medida. Las autoridades romanas proyectan ingresos de hasta 8.2 millones de dólares anuales, recursos que, aseguran, serán destinados al mantenimiento, conservación y seguridad del monumento. Sin embargo, la decisión ha reavivado cuestionamientos sobre si la solución al turismo masivo pasa por la mercantilización de espacios públicos históricos o por una mejor planeación urbana y cultural.
La Fuente de Trevi no es un atractivo menor. Diseñada por el arquitecto Nicola Salvi tras un concurso convocado por el papa Clemente XII en 1732, la obra fue concluida en 1762 y se erige en la parte posterior del Palacio Poli. Además, marca el punto terminal del acueducto Vergine, el único de los antiguos acueductos romanos que continúa en funcionamiento hasta la actualidad, lo que refuerza su valor histórico y simbólico.
La medida, que podría sentar precedente para otros monumentos emblemáticos de Europa, deja abierta una discusión de fondo: si el acceso a bienes culturales universales debe seguir siendo un derecho abierto o convertirse en una experiencia condicionada al pago. Mientras tanto, Roma comienza a cobrar por contemplar una de sus joyas más famosas, transformando una tradición gratuita en un negocio regulado.

