Londres.– La crisis política en el entorno del primer ministro británico Keir Starmer se profundizó este día con la renuncia de Tim Allan, director de comunicaciones del gobierno, en medio del creciente escándalo relacionado con los vínculos de altos funcionarios con el financista y traficante sexual Jeffrey Epstein.

“Allan anunció que decidió dimitir para permitir la conformación de un nuevo equipo”, de acuerdo con reportes de la prensa local, al tiempo que expresó sus mejores deseos al primer ministro y a su administración. La salida se produce apenas un día después de la renuncia del jefe de Gabinete de Starmer, Morgan McSweeney, lo que ha desatado fuertes cuestionamientos sobre el control político y ético dentro del gobierno laborista.

El caso tiene como telón de fondo el respaldo que McSweeney habría brindado al exembajador británico en Estados Unidos, Peter Mandelson, figura clave del Partido Laborista, por sus vínculos con Epstein, un tema que ha vuelto a sacudir a la clase política internacional y que amenaza con erosionar seriamente la credibilidad del gobierno de Starmer.

La dimisión en cascada de altos colaboradores ha sido interpretada por analistas como un “efecto dominó” que evidencia la gravedad del escándalo y la presión pública que enfrenta Downing Street. La oposición y sectores críticos han exigido explicaciones claras sobre el alcance de las relaciones entre figuras del poder británico y Epstein, así como sobre el manejo interno del caso por parte del equipo del primer ministro.

El escándalo Epstein, lejos de cerrarse, vuelve a colocarse en el centro del debate político del Reino Unido, ahora con consecuencias directas en la estructura del gobierno. Para Keir Starmer, el reto no sólo es recomponer su equipo, sino contener el daño político y demostrar que su administración no tolerará encubrimientos ni redes de protección en uno de los casos más sensibles y explosivos de las últimas décadas.