En el marco del Día Mundial de la Pizza, una de las celebraciones gastronómicas más populares a nivel internacional, el coordinador de la Licenciatura en Gastronomía del Centro Universitario Tenancingo de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), Benjamín Ernesto Ramírez Araujo, reflexionó sobre la relevancia histórica, cultural y social de este platillo que ha logrado trascender fronteras, generaciones y estilos de vida, hasta consolidarse como un símbolo de la gastronomía mundial.

Más allá de su popularidad contemporánea, la pizza representa un testimonio vivo de la evolución de la alimentación humana. De acuerdo con el especialista, su base fundamental es una masa fermentada, tradicionalmente sazonada con aceite de oliva y tomate, que en su versión clásica se acompaña de ingredientes como albahaca y orégano. Estos elementos no solo definen su sabor, sino que han sido clave para construir la identidad culinaria de un platillo que, con el paso del tiempo, ha sabido adaptarse sin perder su esencia.

Ramírez Araujo explicó que los orígenes de la pizza se remontan a una etapa mucho más antigua de lo que comúnmente se piensa. Su historia inicia con los etruscos, una civilización asentada en lo que hoy es la región de Florencia, quienes desarrollaron técnicas para la elaboración de harinas más finas gracias al uso de molinos. Este avance permitió la creación de masas mejor leudadas y dio pie a alimentos como el pan y las gachas, considerados antecedentes directos de la pizza.

Durante la época romana, el consumo de harina y aceite se intensificó, no solo como parte de la dieta cotidiana, sino también por su carácter simbólico y ritual en distintas religiones, entre ellas la católica, cristiana, judía y musulmana. Estos ingredientes adquirieron un significado especial que reforzó su presencia en la alimentación de diversas culturas del Mediterráneo. Sin embargo, fue hasta el siglo XVI, con el descubrimiento de América, cuando la pizza dio un giro definitivo al incorporar el jitomate, un ingrediente que transformó la gastronomía europea y africana y que terminó por consolidar la identidad de la cocina italiana tal como se conoce hoy.

El chef universitario destacó que la popularización de la pizza se vio fortalecida en la ciudad de Nápoles, donde los marinos ofrecían este platillo a los navegantes que arribaban a sus puertos. Esta práctica no solo incentivó el comercio, sino que propició el intercambio cultural. Gracias a su bajo costo, facilidad de preparación y transporte, la pizza se convirtió en un alimento característico de las clases populares y de los viajeros, lo que facilitó su expansión y aceptación en distintos contextos sociales.

En la actualidad, la pizza ha experimentado una evolución constante que le ha permitido incorporar una amplia variedad de ingredientes, técnicas y estilos, desde recetas artesanales hasta versiones industriales, sin perder su objetivo principal: satisfacer el hambre de forma rápida, accesible y versátil. Esta capacidad de adaptación ha sido clave para su consolidación como uno de los platillos más consumidos en el mundo.

“La pizza ha sido representada en expresiones pictográficas, cinematográficas y en la cultura pop en general, lo que demuestra que el paladar colectivo encontró un platillo capaz de adaptarse a todos los gustos y momentos”, subrayó Ramírez Araujo. Su presencia en caricaturas, películas y series ha reforzado su carácter simbólico y emocional, convirtiéndola en algo más que un alimento.

Finalmente, el coordinador de Gastronomía del Centro Universitario Tenancingo señaló que el Día Mundial de la Pizza es una oportunidad para reconocer la riqueza gastronómica de Italia y su profundo impacto cultural, histórico y social en distintas generaciones alrededor del mundo. Desde una perspectiva personal, recordó cómo este platillo marcó su infancia, particularmente a través de referentes de la cultura popular de los años ochenta, como las caricaturas de Las Tortugas Ninja.

“Estos referentes han contribuido a diversificarla y a convertirla no solo en un platillo delicioso, sino en un recuerdo que permanece a lo largo de la vida”, concluyó, reafirmando que la pizza es, al mismo tiempo, historia, cultura y memoria compartida.