En el escenario imponente de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026, el mexicano Donovan Carrillo volvió a demostrar que su nombre ya está inscrito entre los protagonistas del patinaje artístico internacional. El tapatío regresó a la pista de hielo para disputar la final olímpica individual varonil frente a la élite mundial, decidido a dejar huella con una propuesta arriesgada y emotiva.

Carrillo apostó por una rutina libre vibrante, construida sobre un mix de clásicos de Elvis Presley. La elección musical imprimió carácter y energía a una presentación que combinó potencia técnica y sensibilidad interpretativa. Tras un programa corto en el que sumó 75.56 puntos, el mexicano salió al programa largo dispuesto a elevar su desempeño, logrando 143.50 unidades que consolidaron su participación.

La dificultad técnica fue uno de los sellos de su rutina. Carrillo ejecutó elementos de alto grado de complejidad, como el Salchow cuádruple (8.45 puntos) y el Toeloop cuádruple (8.41 puntos), maniobras reservadas para los patinadores más audaces del circuito. Su evaluación reflejó tanto el coraje de su propuesta como la severidad del panel de jueces: cuatro secciones en verde destacaron ejecuciones sólidas, mientras que cuatro en amarillo y dos en rojo evidenciaron detalles que influyeron en la nota final.

Con una puntuación acumulada de 219.06 puntos, Donovan no solo superó la barrera de los 219, sino que reafirmó su condición de competidor respetado ante rivales de mayor experiencia olímpica. Más allá de los números, la imagen que quedará en la memoria es la de un atleta agradecido: al terminar su rutina, se tendió sobre el hielo, lo besó y lanzó múltiples besos al cielo, dedicados a México. Un gesto que sintetiza entrega, orgullo y la convicción de que el patinaje artístico mexicano ya compite, sin complejos, en la máxima escena mundial.