En el marco del Día Internacional del Condón, que se conmemora cada 13 de febrero, la conversación sobre salud sexual y reproductiva cobra especial relevancia en espacios académicos y comunitarios. En este contexto, el profesor de tiempo completo del Centro Universitario Valle de Chalco de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), Adolfo Sánchez González, hizo un llamado a visibilizar y promover el uso del condón femenino como un método anticonceptivo seguro, eficaz y todavía subutilizado, especialmente entre mujeres jóvenes y población universitaria.
Desde su experiencia como docente de la Licenciatura en Enfermería, Sánchez González explicó que el condón femenino es un método anticonceptivo de barrera que no solo previene embarazos no planeados, sino que también protege contra enfermedades de transmisión sexual (ETS), entre ellas el VIH, la clamidia, la gonorrea y el virus del papiloma humano (VPH). Su efectividad, subrayó, puede alcanzar hasta 99 por ciento cuando se utiliza de manera correcta y constante.
El académico detalló que el diseño del condón femenino consiste en una bolsa de látex lubricada, equipada con dos anillos flexibles: uno interno cerrado que facilita su inserción hasta el cuello uterino y otro externo que permanece fuera de la vagina, cubriendo los labios mayores y el periné. Esta estructura actúa como una barrera física que impide el paso de los espermatozoides hacia los óvulos y evita el contacto directo con fluidos corporales, reduciendo de manera significativa el riesgo de infecciones.
Una de las principales ventajas de este método, destacó Sánchez González, es la autonomía que ofrece a las mujeres. A diferencia del condón masculino, el femenino puede colocarse hasta ocho horas antes del coito, lo que permite mayor planificación y reduce la presión del momento. Además, puede utilizarse durante la menstruación, el embarazo o la lactancia, y es compatible con otros métodos anticonceptivos como pastillas hormonales, inyecciones, parches, implantes subdérmicos, dispositivos intrauterinos (DIU) y espermicidas.
Sin embargo, a pesar de sus beneficios, el condón femenino sigue siendo poco utilizado en comparación con su contraparte masculina. El especialista atribuyó esta situación a diversos factores, entre ellos su costo más elevado, la falta de información clara y accesible, y la necesidad de aprender una técnica adecuada para su colocación. También influyen aspectos culturales y de comunicación en la pareja, pues es fundamental que la penetración se realice dentro del método para garantizar su eficacia.
“El condón femenino está rodeado de mitos y desinformación”, señaló el académico. Entre las creencias más comunes se encuentra la idea de que puede perderse dentro de la vagina o que disminuye la sensibilidad durante el acto sexual. Estas percepciones, afirmó, generan temor y rechazo entre posibles usuarias, a pesar de que no corresponden a la realidad médica.
Sánchez González también subrayó que el contexto sociocultural juega un papel determinante. “La cultura androcéntrica en la que vivimos ha privilegiado históricamente los métodos controlados por los hombres”, explicó. Esta perspectiva ha limitado la difusión y normalización de alternativas que colocan el control de la protección en manos de las mujeres. Muchas personas, añadió, no están familiarizadas con el condón femenino porque nunca han recibido información adecuada, y algunas mujeres pueden sentirse expuestas o vulneradas al proponer su uso, lo que incrementa el pudor y la resistencia.
Ante este panorama, el profesor del Centro Universitario Valle de Chalco enfatizó la necesidad de fortalecer la educación sexual integral desde una perspectiva informada y libre de prejuicios. Propuso impulsar talleres, charlas informativas y demostraciones didácticas en espacios universitarios y comunitarios, donde las y los jóvenes puedan conocer el método, manipularlo con fines educativos y practicar su correcta colocación en entornos seguros.
“Es importante animarnos a conocerlo”, expresó. “Se pueden adquirir algunos con fines didácticos, explorarlos, practicar su colocación y desecharlos. Quitar el miedo y el prejuicio es el primer paso para ejercer una sexualidad informada, responsable y segura”.

