En un escenario internacional marcado por la creciente rivalidad entre las grandes potencias, el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, lanzó este sábado una advertencia contundente: cualquier intento de Estados Unidos de “conspirar” para separar a Taiwán de China conduciría “muy probablemente a una confrontación”. Sus declaraciones, pronunciadas durante la Conferencia de Seguridad de Múnich en Alemania, reflejan el endurecimiento del discurso de Pekín en torno a uno de los temas más sensibles de su agenda exterior.

Ante líderes políticos y expertos en defensa reunidos en Múnich, Wang situó la cuestión de Taiwán en el centro de las tensiones geopolíticas actuales. China considera a la isla una provincia rebelde desde el final de la guerra civil en 1949, cuando las fuerzas nacionalistas se refugiaron en Taipéi tras la victoria comunista en el continente. Desde entonces, la reunificación ha sido un objetivo declarado del liderazgo chino, una meta que bajo el mandato del presidente Xi Jinping ha adquirido un carácter aún más intransigente.

Pekín defiende la política de “una sola China” como un principio irrenunciable y no descarta el uso de la fuerza para lograr la unidad territorial. Wang fue claro al advertir que “cruzar las líneas rojas de China” mediante la incitación o el respaldo a una eventual independencia taiwanesa implicaría un riesgo directo de choque entre las dos mayores economías del mundo. “Podría muy probablemente conducir a una confrontación entre China y Estados Unidos”, subrayó.

Aunque Washington reconoce formalmente a Pekín y no mantiene relaciones diplomáticas oficiales con Taipéi, es el principal proveedor de armas a la isla. Ese respaldo militar constituye uno de los principales focos de fricción en la relación bilateral. Desde la óptica china, el suministro de armamento y el fortalecimiento de la cooperación estratégica entre Estados Unidos y Taiwán representan intentos de alterar el statu quo y contener el ascenso de China.

En su intervención, Wang instó a Washington a optar por el “camino pragmático de la cooperación y los intereses comunes”, en lugar de avanzar hacia el “desacoplamiento” y la formación de bloques dirigidos contra su país. El concepto de “desacoplamiento” —que implica reducir la interdependencia económica y tecnológica— es percibido por Pekín como una estrategia de confrontación que amenaza la estabilidad global.

En paralelo, Taiwán ha intensificado sus lazos con Estados Unidos ante lo que percibe como una presión militar creciente por parte de China. El estrecho de Taiwán se ha convertido en uno de los puntos más sensibles del mapa estratégico mundial, con maniobras militares, patrullajes navales y declaraciones cada vez más firmes por ambas partes. Desde Pekín, este acercamiento es interpretado como una provocación que incrementa el riesgo de una escalada.

Las advertencias de Wang no se limitaron a Washington. El canciller chino dirigió también un mensaje directo a Japón y a su primera ministra, Sanae Takaichi, líder del gobernante Partido Liberal Democrático. Según el jefe de la diplomacia china, Tokio estaría promoviendo una peligrosa deriva militarista y no habría asumido plenamente las lecciones de la Segunda Guerra Mundial.

Wang evocó explícitamente la guerra chino-japonesa de 1937 a 1945 y afirmó que “el fantasma del militarismo continúa acechando”, en referencia a homenajes en Japón a figuras vinculadas con crímenes de guerra y a recientes declaraciones sobre Taiwán. La alusión histórica no fue casual: en China, el recuerdo de la ocupación japonesa sigue siendo un elemento central de la memoria colectiva y del discurso político.

El endurecimiento del tono japonés se ha hecho evidente tras declaraciones de Takaichi que sugieren una posible reacción militar si Pekín interviene en Taiwán. La mandataria defiende revisar la Constitución pacifista impuesta tras la guerra, con el objetivo de flexibilizar las restricciones sobre las fuerzas armadas. Un cambio de esa naturaleza supondría un giro significativo en la política de seguridad japonesa de las últimas siete décadas.

Pekín ha exigido disculpas oficiales a Tokio, interpretando estas posturas como una alineación con la estrategia estadounidense en Asia. Para China, la eventual consolidación de un eje Washington-Tokio-Taipéi constituye un desafío directo a su integridad territorial.

En el cierre de su intervención en Múnich, Wang Yi reiteró que China está preparada para responder ante diversos riesgos y que la unidad nacional no es negociable. En un contexto de creciente polarización internacional, sus palabras dejaron en claro que el estrecho de Taiwán seguirá siendo uno de los principales focos de tensión global, con implicaciones que trascienden la región y podrían redefinir el equilibrio de poder en el siglo XXI.

Fuente: agencias