Cada 15 de febrero, el mundo conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer Infantil, una fecha que invita no solo a la reflexión, sino a la acción. Hablar de cáncer en la infancia sigue siendo incómodo y doloroso; es un tema que muchas familias prefieren evitar por miedo o desconocimiento. Sin embargo, la realidad es contundente: se trata de una de las principales causas de muerte en niñas y niños de entre 5 y 14 años. Ante este panorama, la información oportuna puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Así lo afirmó Juan Manuel Medina Castro, cirujano oncólogo y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), quien subrayó que la desinformación y el retraso en el diagnóstico continúan siendo grandes obstáculos en la lucha contra esta enfermedad.
El especialista explicó que el cáncer, tanto en adultos como en infantes, se origina por un desequilibrio en el proceso natural de las células. En condiciones normales, algunas células crecen y se multiplican, mientras otras mueren en el momento adecuado. Cuando este equilibrio se rompe —es decir, cuando células que deberían morir no lo hacen y continúan proliferando— puede desarrollarse un tumor o una enfermedad hematológica como la leucemia.
Durante décadas, dijo, predominó la idea de que el cáncer era consecuencia directa del envejecimiento, resultado del desgaste natural del organismo. No obstante, la presencia de cáncer en la infancia obliga a replantear esa noción. “En los niños, muchas de estas alteraciones pueden estar presentes desde generaciones anteriores. Nacemos con mutaciones que favorecen el desarrollo del cáncer desde edades muy tempranas, y eso es lo que vuelve a esta enfermedad particularmente devastadora: no se trata de personas que ya han vivido su vida, sino de niñas y niños con todo un futuro por delante”, enfatizó.
A diferencia de la población adulta —donde predominan cánceres como el de pulmón, mama, colon o cervicouterino—, en la infancia los diagnósticos más frecuentes son las leucemias, los linfomas y los tumores cerebrales. Estas enfermedades, explicó Medina Castro, presentan dinámicas biológicas distintas a las de los cánceres en adultos, por lo que requieren tratamientos especializados y seguimiento estrecho.
Uno de los datos más reveladores tiene que ver con las tasas de supervivencia. A nivel mundial, la leucemia infantil alcanza una tasa de curación cercana al 80 por ciento. Sin embargo, en países en desarrollo esta cifra se reduce aproximadamente al 50 por ciento. Las razones son múltiples: falta de infraestructura hospitalaria, escasez de medicamentos, abandono del tratamiento por dificultades económicas y, sobre todo, diagnósticos tardíos.
En este último punto, el oncólogo hizo especial hincapié. Muchos de los síntomas del cáncer infantil suelen minimizarse o confundirse con padecimientos comunes de la niñez. Dolor persistente en huesos o articulaciones, aumento de volumen en alguna parte del cuerpo, crisis convulsivas, fiebre prolongada sin causa aparente o cansancio extremo pueden ser señales de alerta. No obstante, con frecuencia se atribuyen al crecimiento, a golpes durante el juego o al carácter inquieto propio de la edad.
“Cuando normalizamos los síntomas, disminuimos la posibilidad de llegar a tiempo”, advirtió. La clave, añadió, está en la observación atenta y en acudir a valoración médica cuando un malestar persiste o se intensifica.
Aunque no existe una forma específica de prevenir el cáncer, sí es posible identificar factores de riesgo y actuar de manera preventiva en ciertos ámbitos. Uno de ellos es la obesidad infantil, un problema de salud pública que en México alcanza cifras alarmantes. El país ocupa los primeros lugares en obesidad infantil a nivel mundial, lo que incrementa el riesgo de diversas enfermedades crónicas, incluido el cáncer en etapas posteriores de la vida.
“Necesitamos niñas y niños más activos, con una alimentación adecuada, menos expuestos a productos ultraprocesados, grasas y azúcares, y con mayor actividad física, juego al aire libre y menor tiempo frente a pantallas”, enfatizó Medina Castro. Si bien estas medidas no garantizan que un menor no desarrollará cáncer, sí contribuyen a fortalecer su salud integral y reducir riesgos asociados.
En el marco del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer Infantil, el especialista hizo un llamado a la sociedad a informarse y participar activamente. La lucha contra el cáncer infantil no recae únicamente en los médicos o en las familias afectadas; es una responsabilidad colectiva. Desde donaciones económicas que apoyen tratamientos y equipamiento hospitalario, hasta el acompañamiento emocional y el voluntariado, cada acción suma.

