El centro histórico de San Salvador amaneció envuelto en luto tras un incendio de grandes proporciones que arrasó con locales comerciales, bodegas de electrodomésticos y edificios de valor histórico, dejando al menos cinco personas fallecidas, entre ellas un menor de edad. La tragedia no solo cobró vidas, sino que también golpeó el corazón económico y patrimonial de la capital salvadoreña.

El siniestro, descrito por testigos como voraz e incontrolable en sus primeras horas, se propagó con rapidez entre estructuras contiguas, muchas de ellas construcciones antiguas con materiales altamente inflamables. Las llamas iluminaron la madrugada con un resplandor devastador, mientras columnas de humo cubrían varias cuadras y obligaban a evacuar a comerciantes, residentes y trabajadores de la zona.

Equipos de emergencia trabajaron intensamente para contener el fuego y evitar que se extendiera hacia otros inmuebles. Las labores se prolongaron durante horas, en medio de escenas de angustia, sirenas y el temor de que el saldo pudiera aumentar. La prioridad fue rescatar a personas atrapadas y controlar los puntos más críticos del incendio, cuya magnitud evidenció la vulnerabilidad de edificaciones antiguas frente a este tipo de emergencias.

Las consecuencias materiales son profundas. Decenas de negocios quedaron reducidos a escombros, afectando el sustento de numerosas familias que dependían de la actividad comercial diaria. Las bodegas de electrodomésticos, que almacenaban mercancía de alto valor, fueron consumidas casi en su totalidad. Además, algunos edificios históricos sufrieron daños severos, lo que representa una pérdida significativa para el patrimonio arquitectónico y cultural de la ciudad.

Más allá de las cifras, la tragedia deja un impacto humano difícil de dimensionar. La muerte de cinco personas, incluida la de un menor, ha generado consternación y dolor en la sociedad salvadoreña. Familias enteras enfrentan ahora no solo la pérdida de seres queridos, sino también la incertidumbre económica y emocional que deja un desastre de esta magnitud.

Autoridades locales iniciaron las investigaciones correspondientes para determinar el origen del incendio y establecer responsabilidades. Mientras tanto, se evalúan los daños estructurales y se coordinan acciones para apoyar a los afectados. La reconstrucción será compleja y demandará tiempo, recursos y voluntad colectiva.

El incendio que arrasó parte del centro de San Salvador no es solo un hecho aislado; es una herida abierta en la memoria reciente de la ciudad. Entre cenizas y estructuras calcinadas, queda el desafío de reconstruir no solo los espacios físicos, sino también la esperanza de quienes vieron su patrimonio y su tranquilidad consumidos por el fuego.