Por Daniel Lee
La comunidad binacional de invisible a actor de incidencia pública
Durante décadas, la comunidad migrante mexicana ha sido considerada principalmente como fuerza laboral, fuente de remesas o fenómeno social, pero raramente como sujeto político con capacidad real de incidencia. Sin embargo, en los últimos años ha emergido un proceso silencioso pero profundo: la transformación de las organizaciones migrantes en actores con capacidad de influir en decisiones públicas, construir agendas colectivas y disputar espacios de representación tanto en Estados Unidos como en México.
Este proceso no surge espontáneamente. Es resultado de décadas de organización comunitaria, desarrollo institucional, construcción de redes sociales y fortalecimiento de liderazgos locales que hoy comienzan a traducirse en poder político efectivo.
La comunidad migrante ya no sólo demanda derechos: construye capacidad de decisión.
De la asistencia social a la incidencia política
Las organizaciones migrantes mexicanas surgieron inicialmente como estructuras de apoyo comunitario orientadas a resolver necesidades urgentes: acceso a servicios básicos, asesoría legal, atención social, educación o acompañamiento en situaciones de crisis.
Sin embargo, la evolución organizativa ha generado un cambio cualitativo. La prestación de servicios ha derivado en construcción de bases sociales organizadas, generación de confianza comunitaria; consolidación de liderazgos territoriales y desarrollo de redes transnacionales. Así, lo que comienza como asistencia social se convierte progresivamente en capacidad de movilización colectiva.
El servicio comunitario se transforma en legitimidad política.
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