La ciudad de Barcelona fue escenario de un momento histórico: 144 años después de que Antoni Gaudí colocara la primera piedra, la Sagrada Familia ha culminado la ejecución exterior de su torre más alta.
Con la instalación del brazo superior de la cruz en la Torre de Jesucristo, el emblemático templo alcanzó los 172.5 metros de altura, consolidándose oficialmente como la iglesia más alta del mundo. La culminación de esta estructura representa uno de los hitos arquitectónicos más relevantes en la historia contemporánea de Europa.
La Torre de Jesucristo es la pieza central del ambicioso diseño concebido por Gaudí, quien dedicó los últimos años de su vida a la basílica y dejó definidos los principios estructurales y simbólicos que hoy continúan guiando su construcción. La altura final, cuidadosamente calculada, fue proyectada para no superar la elevación de la montaña de Montjuïc, en coherencia con la visión del arquitecto de que la obra humana no debía imponerse sobre la creación divina.
Aunque el templo sigue en proceso de construcción en otras áreas, la finalización exterior de su torre principal marca un avance significativo en un proyecto que ha atravesado generaciones, guerras y transformaciones tecnológicas, y que se mantiene como uno de los símbolos más reconocidos del patrimonio cultural y religioso mundial.

