En el marco del Día Internacional de la Lengua Materna, la defensa de las lenguas originarias resonó con fuerza en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx). Desde este espacio académico, Marisol González Aguilar, directora de Ciencia para la Transformación Social de la Secretaría de Ciencia de la institución, lanzó un mensaje contundente: preservar y valorar las lenguas maternas no es únicamente un acto cultural, sino un compromiso científico y social que debe asumirse de manera permanente tanto desde la universidad como desde la sociedad en su conjunto.

Originaria de San Cristóbal Huichochitlán, comunidad ubicada en el municipio de Toluca, González Aguilar creció escuchando y hablando otomí, lengua materna de sus padres y de su entorno. Más que un medio de comunicación, el otomí representó para ella una forma de comprender el mundo, de arraigarse a sus raíces y de construir una identidad sólida. “Yo aprendí a hablar la lengua y estoy muy orgullosa de saber otro idioma. No hay nada más maravilloso que conocer y mirar el mundo a partir de nuestra propia lengua”, expresó con convicción.

Su testimonio pone rostro humano a una realidad que atraviesa a miles de jóvenes en México: la transición de una vida comunitaria, profundamente vinculada a las tradiciones y lenguas originarias, hacia espacios educativos urbanos donde, con frecuencia, esas mismas identidades enfrentan estigmas y barreras. Durante su formación en el plantel “Nezahualcóyotl” de la Escuela Preparatoria de la UAEMéx, González Aguilar experimentó ese contraste. La adaptación no fue sencilla, pero esas vivencias se transformaron en motor para defender con mayor firmeza su origen.

Posteriormente, al cursar la Licenciatura en Administración y Promoción de la Obra Urbana, encontró en la UAEMéx un espacio clave para fortalecer su identidad y proyectar su vocación hacia el servicio comunitario. “Nuestra tarea más grande como universitarios es regresar a la comunidad lo que hemos aprendido y retribuirlo desde cualquier área del conocimiento”, subrayó. Para ella, la ciencia no puede permanecer aislada en laboratorios o aulas; debe funcionar como un puente entre la academia y las realidades sociales, especialmente aquellas históricamente marginadas.

Desde su actual responsabilidad como directora de Ciencia para la Transformación Social, González Aguilar ha impulsado iniciativas que reconocen la diversidad lingüística como parte esencial del patrimonio vivo del conocimiento. Sostiene que la multiculturalidad no es un concepto abstracto en la UAEMéx, sino una realidad cotidiana: en sus aulas convergen estudiantes y docentes provenientes de estados como Oaxaca, Guerrero y Michoacán, quienes aportan no solo lenguas originarias, sino también saberes comunitarios, prácticas culturales y formas de convivencia que enriquecen el entorno universitario.

No obstante, advierte que persisten barreras sociales que colocan a las lenguas indígenas en una posición de desventaja frente a idiomas considerados “universales”. “Ninguna lengua es más y ninguna es menos; todas transmiten conocimiento y nos permiten observar el mundo desde otra ventana”, afirmó. En este sentido, llamó a cuestionar prejuicios arraigados que asocian el dominio de una lengua originaria con rezago, cuando en realidad implica la posesión de un conocimiento adicional y una perspectiva cultural invaluable.

Su experiencia internacional, que la ha llevado a conocer alrededor de siete países, reforzó su convicción sobre la importancia de la diversidad cultural y lingüística. En cada contexto, comprobó que las sociedades que valoran sus raíces fortalecen su identidad colectiva y amplían su horizonte científico y humanístico. Lejos de debilitar la integración global, el respeto a las lenguas maternas la enriquece.

En el marco del Día Internacional de la Lengua Materna, González Aguilar hizo un llamado a consolidar acciones permanentes desde la academia para visibilizar, respetar y estudiar las lenguas indígenas. No se trata únicamente de conmemoraciones simbólicas, sino de integrar su estudio y promoción en proyectos de investigación, programas educativos y políticas institucionales.

Finalmente, invitó a la comunidad universitaria y a la sociedad en general a no negar sus raíces y a promover el aprendizaje y uso de las lenguas maternas como un acto de identidad, resistencia y transformación social. “Perder una lengua es perder un mundo; es perder una visión completa de la historia y de una generación”, concluyó.