En los últimos años ha cobrado visibilidad un fenómeno juvenil conocido como therian, término utilizado por personas que afirman identificarse de manera profunda —espiritual o psicológica— con un animal no humano, como perros, gatos, lobos u otras especies, y que en algunos casos adoptan conductas asociadas a esos animales, como desplazarse en cuatro extremidades, utilizar accesorios como colas o máscaras, o asumir dinámicas sociales inspiradas en manadas.

Desde el punto de vista clínico, el therianthropy moderno no está reconocido como un trastorno mental en manuales diagnósticos como el DSM-5. Sin embargo, especialistas en salud mental señalan que es importante diferenciar entre una forma de expresión identitaria simbólica y aquellos casos donde la conducta interfiere con la vida cotidiana, el funcionamiento social o laboral, o se acompaña de otros síntomas como delirios, desconexión de la realidad o angustia significativa. En esos escenarios, podría estar relacionado con condiciones subyacentes que sí requieren evaluación profesional.

Psicólogos explican que en la mayoría de los casos no se trata de personas que crean literalmente ser animales en términos biológicos, sino que utilizan esta identidad como una forma de autodefinición, pertenencia o exploración personal. En entornos digitales, especialmente redes sociales, el fenómeno ha ganado difusión y puede mezclarse con dinámicas de comunidad, búsqueda de identidad y necesidad de diferenciación, factores comunes en etapas como la adolescencia y la adultez temprana.

También hay quienes lo interpretan como una subcultura o moda amplificada por plataformas digitales, similar a otras tendencias identitarias que surgen en comunidades en línea. El uso de accesorios, reuniones temáticas y la creación de contenido han contribuido a su visibilidad, aunque la mayoría de los participantes no trasladan estas conductas a todos los ámbitos de su vida.

Especialistas coinciden en que la respuesta social debe partir de la prudencia. La burla, la estigmatización o la agresión no contribuyen a la salud mental ni al debate informado. Al mismo tiempo, tampoco se recomienda normalizar conductas que puedan poner en riesgo la integridad física o emocional de la persona o de terceros. El enfoque sugerido es el acompañamiento familiar, la orientación psicológica cuando exista deterioro funcional y la educación basada en evidencia.

En términos generales, el fenómeno therian se ubica en la intersección entre identidad, cultura digital y psicología. No todo comportamiento inusual constituye un trastorno, pero tampoco toda tendencia debe asumirse acríticamente. El reto para la sociedad es mantener un equilibrio entre el respeto a la diversidad de expresión y la responsabilidad de promover salud mental, convivencia armónica y bienestar colectivo.