Entre madrugadas que inician antes de que salga el sol, jornadas laborales de alta responsabilidad y fines de semana marcados por largas rutas en bicicleta, la vida de Karla Munguía Vélez transcurre al ritmo de la constancia. Originaria de Toluca, ha hecho del triatlón mucho más que una práctica deportiva: lo ha convertido en un proyecto de vida, en una escuela de carácter y en una plataforma para impulsar la transformación personal y social.
Formada en un entorno familiar donde la disciplina no era una opción sino un valor cotidiano, Karla se describe como una mujer inquieta, apasionada y entusiasta. Esos rasgos, lejos de diluirse con el paso del tiempo, encontraron hace 15 años un cauce natural en una de las disciplinas más demandantes del deporte: el triatlón. Desde entonces, su historia se ha tejido entre brazadas en aguas abiertas, kilómetros de asfalto recorridos a toda velocidad y carreras a pie que exigen tanto del cuerpo como de la mente.
En el ámbito profesional, Karla se desempeña en la Consejería Jurídica de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), donde colabora en temas relacionados con género, violencia y políticas públicas. Su labor cotidiana implica análisis, responsabilidad institucional y un profundo compromiso social. Sin embargo, al terminar la jornada, la abogada cambia los expedientes por el traje de neopreno, el casco y las zapatillas de correr.
“El triatlón requiere mucha disciplina, pero también mucho valor”, explica. “Implica nadar en aguas abiertas. Te enfrentas a entornos que no manejas comúnmente, que te retan a desarrollar fortaleza mental, seriedad y un control mental absoluto”. No se trata solo de completar distancias; se trata de dominar el miedo, de aprender a respirar en medio de la incertidumbre y de sostener la concentración cuando el cuerpo comienza a reclamar descanso.
Su rutina diaria es prueba de esa determinación. Las mañanas suelen comenzar con sesiones de carrera, seguidas por entrenamientos intensivos en alberca. Los fines de semana están reservados para recorridos largos en bicicleta, donde el tiempo parece medirse en resistencia y estrategia. La preparación para competir en triatlón de media distancia —categoría en la que actualmente participa— exige una planificación meticulosa y un compromiso que impacta cada esfera de su vida.
La alta exigencia física y mental la ha llevado a sacrificar horas de descanso, encuentros sociales y momentos de ocio. A ello se suman los prejuicios que todavía persisten en torno a la participación de las mujeres en disciplinas de gran demanda física. “Es importantísimo romper con el estereotipo de que las mujeres solo podemos cuidar y que no estamos peleadas con ese papel. Sin embargo, hay mujeres inquietas que buscamos experiencias de vida intensas”, afirma con convicción.
Para Karla, el deporte no está reñido con otras dimensiones de la identidad femenina; al contrario, amplía sus posibilidades. En cada competencia también compite contra las ideas que limitan, contra las voces que cuestionan la fortaleza física o la ambición deportiva de las mujeres. Su presencia en las líneas de salida es, en sí misma, una declaración.
El camino no ha estado exento de obstáculos. Lesiones, momentos de frustración y competencias que no siempre arrojan el resultado esperado han puesto a prueba su resiliencia. Pero si algo ha aprendido en estos 15 años es que el verdadero triunfo no radica únicamente en el podio, sino en la capacidad de levantarse y continuar. “El deporte me ha formado, me ha revalorado y me ha puesto los mayores retos de mi vida. Me ha dado disciplina y compromiso; me considero mucho más productiva cuando practico deporte”, señala.
Ese equilibrio entre la exigencia laboral y la disciplina deportiva le ha permitido construir un entorno de creatividad, entusiasmo y bienestar integral. Lejos de competir entre sí, ambas facetas se complementan: la abogada encuentra en el deporte claridad mental y energía; la atleta nutre su compromiso social desde la sensibilidad que le brinda su trabajo en temas de género y políticas públicas.
Con la meta de representar algún día a la Máxima Casa de Estudios mexiquense en competencias de mayor alcance, Karla Munguía Vélez no solo persigue objetivos personales. Busca también abrir más espacios para que otras mujeres se integren a disciplinas donde su presencia aún es limitada. Su historia demuestra que la disciplina puede ser un puente hacia la libertad y que el esfuerzo cotidiano es capaz de derribar barreras culturales.
“Invito a toda la comunidad, no solo al alumnado, sino también a quienes laboran en la universidad, a buscar movimiento físico, porque el ser humano nació en movimiento; no estamos diseñados para estar estáticos”, concluye.

