El vicepresidente iraní, Mohammad Mokhbar, anunció el inicio del proceso de transición política luego de la muerte del ayatolá Alí Jameneí, líder supremo de Irán desde 1989. La agencia oficial IRNA confirmó que, de acuerdo con la Constitución, el presidente Masoud Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial Gholam Hossein Mohseni Ejehi y un integrante del Consejo de Guardianes asumirán de manera colegiada las funciones del máximo liderazgo durante el periodo vacante.

La noticia sacude los cimientos de la República Islámica, pues Jameneí representaba la continuidad del régimen tras la Revolución de 1979 y fue figura central en la consolidación del poder clerical. Su muerte ocurrió en medio de una ofensiva militar desplegada por Estados Unidos e Israel en territorio iraní, ataque que alcanzó la oficina del ayatolá y provocó también la muerte de su hija, su yerno y su nieta, según medios locales.

El vacío de poder abre un escenario de incertidumbre en un país marcado por tensiones internas y externas, donde la figura del líder supremo ha sido clave para definir la política exterior, el rumbo económico y el control social. La transición anunciada coloca a Irán en un momento crítico de su historia contemporánea, con la mirada internacional puesta en la estabilidad de la región y en la capacidad de sus instituciones para sostener el régimen en medio de la crisis.