La ofensiva militar contra objetivos en Irán no sólo reconfigura el tablero geopolítico en Medio Oriente; también genera ondas de choque en los mercados internacionales, el comercio energético y la estabilidad financiera global.

Uno de los primeros efectos se reflejó en el precio del crudo. Los contratos internacionales registraron incrementos inmediatos ante el temor de interrupciones en el suministro energético. El foco de preocupación se concentra en el estratégico Estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del petróleo mundial.

Irán ha advertido en crisis anteriores que podría bloquear o restringir el tránsito en esa vía marítima si su seguridad se ve comprometida, lo que dispararía los precios del petróleo y afectaría de forma directa a economías dependientes de la importación energética.

Las bolsas asiáticas y europeas registraron movimientos volátiles, mientras inversionistas buscaron refugio en activos considerados seguros. El dólar mostró fluctuaciones frente a otras monedas, reflejando la incertidumbre que rodea el escenario.

En el plano diplomático, potencias como Rusia y China han llamado a la moderación, mientras países europeos instaron a retomar canales de diálogo para evitar una confrontación abierta. Organismos multilaterales reiteraron la necesidad de apego al derecho internacional y al principio de soberanía.

Especialistas en relaciones internacionales advierten que el conflicto podría transformarse en una guerra de desgaste indirecta, con operaciones encubiertas, ataques cibernéticos y confrontaciones a través de aliados regionales.

Más allá del plano militar, el impacto económico podría sentirse en inflación global, cadenas de suministro y estabilidad financiera, particularmente si el conflicto escala o se prolonga.

La comunidad internacional observa con cautela un escenario que, de agravarse, podría redefinir el equilibrio estratégico en Medio Oriente y afectar directamente la economía mundial.