El gobierno de México fijó una postura de prudencia diplomática frente a la creciente tensión en Medio Oriente tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán, en un escenario que amenaza con escalar hacia un conflicto regional de mayores dimensiones. Sin emitir condenas directas ni respaldos explícitos a ninguna de las partes involucradas, la administración mexicana optó por un mensaje de contención, protección consular y llamado a la solución pacífica de controversias.
A través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, el gobierno mexicano emitió alertas para que ciudadanos mexicanos eviten viajar a la región ante el deterioro de las condiciones de seguridad, particularmente en Irán e Israel. Asimismo, informó que sus embajadas y representaciones diplomáticas mantienen monitoreo permanente de la situación y asistencia directa a connacionales que se encuentran en territorio afectado.
La postura mexicana se inscribe en la tradición histórica de política exterior basada en los principios de no intervención, solución pacífica de controversias y respeto a la soberanía de los Estados. En ese sentido, el mensaje oficial ha evitado alineamientos estratégicos o juicios categóricos sobre la ofensiva encabezada por Estados Unidos junto con Israel, concentrándose en la necesidad de evitar una escalada que pudiera desestabilizar aún más la región del Golfo Pérsico.
Desde el Ejecutivo federal se ha reiterado que los conflictos armados generan consecuencias económicas y humanitarias que impactan a la comunidad internacional en su conjunto. El gobierno mexicano ha señalado que la guerra no representa una solución sostenible y que la vía diplomática debe prevalecer para impedir que la confrontación se expanda hacia otros frentes regionales, donde actores aliados de Irán podrían verse involucrados.
Analistas en política exterior consideran que la posición adoptada por México busca mantener equilibrio frente a un conflicto que involucra a uno de sus principales socios comerciales, Estados Unidos, y a una región estratégica para la estabilidad energética global. Cualquier pronunciamiento más contundente podría generar repercusiones diplomáticas en un contexto donde México depende de relaciones estables con Washington en materia comercial, migratoria y de seguridad.
Al mismo tiempo, la Cancillería mexicana ha activado protocolos de protección consular y comunicación directa con ciudadanos en la zona de riesgo, priorizando su seguridad ante eventuales cierres de espacio aéreo, restricciones de movilidad o ataques adicionales. Hasta el momento, no se han reportado afectaciones directas a mexicanos en la región, aunque la situación continúa en desarrollo.
El conflicto en Medio Oriente no solo plantea riesgos militares, sino también implicaciones económicas globales, particularmente en el mercado energético, aspecto que México observa con atención debido a su condición de productor y consumidor de hidrocarburos. Una escalada prolongada podría incidir en precios internacionales del petróleo, inflación importada y volatilidad cambiaria, factores que influyen directamente en la estabilidad económica nacional.
Con esta postura, México se coloca en una posición de cautela estratégica: protege a sus ciudadanos, evita confrontaciones diplomáticas y mantiene coherencia con los principios constitucionales de su política exterior, mientras observa con atención un conflicto que podría redefinir el equilibrio geopolítico internacional.

