Cada año, el mundo dedica una jornada a reflexionar sobre uno de los procesos biológicos más esenciales para la vida: el sueño. En el marco del Día Mundial del Sueño, especialistas en salud han insistido en la necesidad de reconocer el descanso como un pilar fundamental del bienestar físico y mental. Desde el ámbito académico, el investigador Gilberto Felipe Vázquez de Anda, responsable del Laboratorio de Fisiología y Fisiopatología del Sueño de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma del Estado de México, subrayó que mantener hábitos adecuados de descanso no solo beneficia a nivel individual, sino que también impacta positivamente en la sociedad.
De acuerdo con el especialista, esta conmemoración anual es promovida por la Sociedad Mundial del Sueño, organismo que busca difundir información y fomentar la educación sobre la importancia de dormir bien. El objetivo principal es generar conciencia sobre cómo los hábitos saludables de descanso pueden prevenir diversas enfermedades crónicas, así como trastornos mentales, físicos y vasculares que afectan a millones de personas en todo el mundo.
Dormir no es simplemente un momento de pausa para el organismo; es un proceso complejo y vital para el funcionamiento adecuado del cuerpo humano. Durante las horas de descanso, el cerebro realiza una serie de actividades fundamentales para la salud. Entre ellas se encuentra la eliminación de desechos celulares que se generan como resultado de la actividad neuronal cotidiana. Este proceso, explicó Vázquez de Anda, es clave para mantener el equilibrio del sistema nervioso y asegurar un rendimiento cognitivo óptimo.
Además, el sueño juega un papel decisivo en la consolidación de la memoria. Mientras dormimos, el cerebro organiza y procesa la información adquirida durante el día, fortaleciendo el aprendizaje y facilitando la capacidad de recordar. Por ello, quienes logran un descanso adecuado suelen despertar con mayor claridad mental, mejor concentración y una sensación renovada de energía para enfrentar sus actividades diarias.
En términos de duración, los especialistas coinciden en que una persona adulta requiere entre siete y nueve horas de sueño cada noche para alcanzar un descanso verdaderamente reparador. No obstante, el concepto de “dormir bien” va más allá de cumplir con un número determinado de horas. Un sueño saludable debe ser suficiente, continuo, profundo y regular. Cuando estas condiciones no se cumplen, el organismo puede experimentar consecuencias que van desde el cansancio persistente hasta problemas más graves de salud.
El panorama global revela que los trastornos del sueño representan un problema de salud pública de gran magnitud. De acuerdo con estimaciones citadas por el académico de la Universidad Autónoma del Estado de México, aproximadamente el 45 por ciento de la población mundial padece algún tipo de alteración relacionada con el descanso. Entre las más comunes se encuentran el insomnio, la somnolencia excesiva durante el día, la apnea del sueño, la narcolepsia y los llamados terrores nocturnos.
Estas afecciones no solo afectan la calidad del descanso, sino que también pueden repercutir de manera directa en la calidad de vida de las personas. La falta de sueño o el sueño fragmentado se ha asociado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos, deterioro cognitivo, ansiedad y depresión. Además, el cansancio constante puede disminuir la productividad laboral, afectar el rendimiento académico y aumentar la probabilidad de accidentes.
Frente a esta situación, el especialista enfatizó la importancia de fomentar una cultura de la llamada “higiene del sueño”. Este concepto se refiere al conjunto de hábitos y condiciones que favorecen un descanso adecuado y continuo. Adoptar estas prácticas, señaló, puede marcar una diferencia significativa en la salud y el bienestar general de las personas.
Entre las recomendaciones más importantes se encuentra establecer horarios regulares para dormir y despertar, incluso durante los fines de semana, con el fin de mantener estable el reloj biológico. También es fundamental procurar que el dormitorio sea un espacio cómodo, silencioso y oscuro, ya que la luz y el ruido pueden interferir con los ciclos naturales del sueño.
Otra sugerencia clave es limitar la exposición a pantallas de dispositivos electrónicos antes de acostarse. La luz azul que emiten teléfonos móviles, computadoras y televisores puede alterar la producción de melatonina, la hormona que regula el ciclo sueño-vigilia. En su lugar, se recomienda realizar actividades relajantes como la lectura, la meditación o ejercicios de respiración.
Asimismo, mantener actividad física durante el día contribuye a mejorar la calidad del descanso nocturno. Sin embargo, los especialistas aconsejan evitar el ejercicio intenso en las horas previas a dormir, así como el consumo de bebidas con cafeína o alcohol, ya que pueden interferir con la capacidad del organismo para conciliar un sueño profundo.
Finalmente, Vázquez de Anda invitó a la comunidad universitaria y a la sociedad en general a reflexionar sobre la importancia de incorporar hábitos saludables de descanso en la vida cotidiana. Dormir bien no es un lujo ni una pérdida de tiempo; es una necesidad biológica que influye directamente en la salud, el bienestar emocional y el rendimiento en las actividades diarias.

