En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) abrió un espacio de reflexión sobre uno de los conceptos más relevantes en la lucha contemporánea por la igualdad de género: la sororidad. En el Centro Universitario Valle de México, la periodista Cecilia Lavalle Torres impartió la conferencia magistral titulada “La sororidad como estrategia política para la construcción de la igualdad y la paz”, donde abordó la importancia de fortalecer las alianzas entre mujeres para transformar estructuras históricas de desigualdad.
Durante el evento, que reunió a autoridades universitarias, funcionarias públicas y representantes de instituciones vinculadas a la atención de la violencia de género, se destacó que la sororidad no solo es un concepto teórico dentro del feminismo, sino una práctica social y política que puede incidir de manera directa en la construcción de sociedades más justas.
En representación de la rectora de la UAEMéx, Martha Patricia Zarza Delgado, la secretaria de Igualdad Sustantiva y Cuidados de la institución, Norma Baca Tavira, subrayó que la sororidad implica una forma profunda de relación entre mujeres. Explicó que este concepto va más allá de la solidaridad superficial, pues significa reconocerse, acompañarse, respaldarse y actuar frente a dolores compartidos, muchos de los cuales históricamente han sido minimizados o invisibilizados.
Ante la presencia de representantes de instituciones dedicadas a la protección y atención de las mujeres, entre ellas la Dirección de Mujeres de Atizapán de Zaragoza y la Fiscalía Central para la Atención de Delitos Vinculados a la Violencia de Género, Baca Tavira destacó que la sororidad también representa una decisión ética que debe ejercerse en la vida cotidiana. Esta decisión, explicó, se traduce en la construcción de vínculos colectivos basados en el respeto, la confianza, el cuidado y la valentía.
“Estos lazos entre mujeres constituyen una fuerza colectiva capaz de impulsar transformaciones reales”, señaló la funcionaria universitaria. En ese sentido, hizo un llamado a que las reflexiones surgidas durante la conferencia no se queden únicamente en el ámbito académico, sino que se traduzcan en acciones concretas dentro y fuera de la universidad. Para Baca Tavira, la igualdad y la paz no son aspiraciones abstractas, sino objetivos que se construyen mediante el compromiso y la voluntad de sostenerse unas a otras.
Por su parte, la directora del Centro Universitario UAEM Valle de México, Gloria Zamudio Villareal, destacó que la sororidad es también un acto político y ético que permite a las mujeres tejer redes colectivas capaces de transformar la realidad social. Afirmó que, dentro de la universidad, las mujeres tienen la oportunidad de liderar procesos de cambio que contribuyan a la construcción de espacios libres de violencia y al fortalecimiento de la igualdad sustantiva.
Zamudio Villareal señaló que las universitarias desempeñan un papel clave en este proceso, ya que a través de su formación académica y su participación en la vida institucional pueden convertirse en un puente entre el conocimiento y la transformación social. “Las estudiantes, profesoras y trabajadoras universitarias tienen la posibilidad de inspirar a otras mujeres a creer en su propio poder y a participar activamente en la construcción de entornos más justos”, afirmó.
Durante su intervención, Cecilia Lavalle Torres centró su reflexión en el contexto actual, marcado por persistentes estructuras patriarcales que continúan generando desigualdades en distintos ámbitos de la vida social, política y económica. En este escenario, explicó, fortalecer las alianzas entre mujeres es una tarea urgente.
La periodista retomó las aportaciones de la académica feminista Marcela Lagarde y de los Ríos, quien define la sororidad como un pacto político entre mujeres que se reconocen como interlocutoras equivalentes e investidas de derechos. Este pacto, explicó Lavalle, tiene como propósito mejorar las condiciones de vida de las mujeres y ampliar su participación en los espacios de toma de decisiones.
Lavalle Torres enfatizó que la sororidad no debe confundirse con la simple amistad entre mujeres. “No es un club de amigas”, explicó. Se trata, más bien, de una alianza consciente y estratégica que implica construir respeto mutuo y, cuando es posible, afecto. También significa aceptar el disenso sin recurrir a la violencia, entendiendo que las mujeres no siempre pensarán igual, pero pueden coincidir en la defensa de derechos y en la búsqueda de una sociedad más equitativa.
Desde esta perspectiva, la sororidad se convierte en una herramienta política que permite enfrentar las desigualdades estructurales y promover una cultura de paz. Al fortalecer las redes entre mujeres, se generan condiciones para impulsar cambios en las instituciones, en las comunidades y en las relaciones sociales.
Finalmente, la periodista subrayó que la construcción de sociedades más justas requiere no solo de alianzas sororales, sino también de la participación de hombres comprometidos con la justicia y la igualdad. Solo mediante una colaboración amplia y consciente será posible garantizar que todas las mujeres puedan vivir en libertad y sin miedo.

