En un auditorio colmado de estudiantes y académicos, el escritor mexicano Benito Taibo dejó algo más que palabras: sembró una defensa apasionada de la lectura como motor de asombro, pensamiento crítico y transformación. Su visita a la Universidad Autónoma del Estado de México, particularmente a la Facultad de Química, se convirtió en un espacio donde la literatura y la ciencia dialogaron con naturalidad, revelando que ambas disciplinas comparten un mismo origen: la curiosidad.
“Soy un lector, un curioso, un hombre lleno de la posibilidad del asombro”, expresó Taibo ante una audiencia atenta. Con esa frase marcó el tono de un encuentro que trascendió la tradicional charla literaria. Más que hablar de técnica narrativa, el autor enfatizó el papel fundamental de la lectura en la construcción de la identidad personal. Para él, antes que escritor, es lector; una afirmación que no solo define su trayectoria, sino que también funciona como invitación abierta para quienes aún no descubren el placer de los libros.
Autor de títulos como Persona normal, Corazonadas, Polvo, Pasar inadvertido y Cuchara y memoria, Taibo recordó que su vocación literaria surgió de un impulso casi irracional: “dar el salto al vacío”. Ese salto, explicó, no habría sido posible sin la lectura previa, sin ese contacto íntimo con historias que amplían el horizonte de quien las experimenta.
Uno de los momentos más provocadores de la charla llegó cuando cuestionó la idea ampliamente difundida de que en México se lee poco. Según Taibo, las estadísticas tradicionales están construidas sobre un error metodológico: contabilizan libros comprados, no libros leídos. “Un libro comprado significa tres o cuatro libros leídos”, afirmó, aludiendo a la práctica común de compartir ejemplares entre amigos, familiares o bibliotecas informales.
Esta perspectiva replantea el debate sobre los hábitos lectores en el país y sugiere que la lectura, lejos de ser una actividad marginal, sigue viva en múltiples formas. El crecimiento de ferias del libro y la apertura constante de librerías, añadió, son indicios claros de que existe una comunidad lectora activa, aunque no siempre visible en los indicadores oficiales.
Taibo también abordó el momento clave en la vida de todo lector: ese encuentro inicial con un libro que marca un antes y un después. Lo definió como un “milagro laico”, una experiencia transformadora que ocurre cuando una historia conecta profundamente con quien la lee. En ese sentido, recomendó la novela La conjura de los necios, del autor estadounidense John Kennedy Toole, obra que, según confesó, influyó de manera decisiva en su juventud.
Pero el encuentro no se limitó a la palabra. En un giro inesperado, el escritor participó junto con estudiantes en el experimento conocido como “pasta de dientes para elefantes”, una reacción química que genera una abundante espuma a partir de la mezcla de peróxido de hidrógeno, cloruro de potasio, jabón y colorante. La actividad, además de despertar risas y sorpresa, simbolizó el espíritu del evento: demostrar que el conocimiento, ya sea literario o científico, puede ser accesible, lúdico y profundamente humano.
La jornada concluyó con una firma de libros que se extendió por varios minutos, en la que los asistentes no solo buscaron una dedicatoria, sino también un breve intercambio con el autor. En ese espacio más íntimo, Taibo reiteró su convicción sobre el poder de la lectura: “Un libro no cambia al mundo, pero sin duda puede cambiar a quien puede cambiar el mundo”.
Su mensaje, lejos de ser una frase inspiracional vacía, se sostiene en una idea central: la transformación social comienza en lo individual. Y en ese proceso, la lectura no es un lujo ni una obligación académica, sino una herramienta vital para entender, cuestionar y reinventar la realidad.
En tiempos donde la inmediatez domina, la visita de Benito Taibo a la UAEMéx recordó que detenerse a leer sigue siendo un acto revolucionario.

