Los países del Grupo de los Siete (G7) elevaron el tono frente a la escalada en Medio Oriente al exigir “el cese inmediato e incondicional” de los ataques atribuidos a Irán contra infraestructura energética en naciones del Golfo, en una postura que busca contener el impacto global en los mercados energéticos, pero que también ha generado cuestionamientos por omitir el papel de otras potencias en el conflicto.

En una declaración conjunta, los cancilleres de Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos, junto con el alto representante de la Unión Europea, demandaron a Teherán detener las agresiones que, señalaron, amenazan la estabilidad regional y el suministro energético internacional. El posicionamiento subraya la preocupación de las principales economías del mundo ante posibles interrupciones en rutas estratégicas de petróleo y gas, en un contexto de creciente volatilidad.

Como parte de su respuesta, los jefes diplomáticos del G7 aseguraron que sus países están preparados para actuar de manera coordinada con el fin de garantizar el flujo energético global, enviando una señal de contención a los mercados internacionales y a los países dependientes de estas fuentes. La advertencia no sólo apunta a la seguridad en el Golfo, sino también a evitar un efecto dominó que impacte precios, cadenas de suministro y economías nacionales.

Sin embargo, el comunicado ha sido objeto de críticas por su enfoque parcial. El documento no incluye ninguna mención a la ofensiva militar que, desde el 28 de febrero, mantienen Estados Unidos e Israel contra Irán y territorios aliados en la región, una operación que ha dejado miles de víctimas y ha elevado significativamente el nivel de confrontación. Entre las bajas reportadas se encuentra el líder supremo iraní, Alí Jameneí, hecho que ha intensificado la tensión geopolítica y endurecido la postura del gobierno iraní.

Este silencio en torno a la actuación de Washington y Tel Aviv ha sido interpretado por analistas como una señal de alineamiento político dentro del bloque occidental, lo que podría complicar los esfuerzos diplomáticos para desescalar el conflicto. En ese escenario, el llamado del G7, aunque contundente en su exigencia hacia Irán, deja abierta la interrogante sobre la viabilidad de una solución equilibrada en un conflicto donde las principales potencias también forman parte activa.