Ciudad de México

23/03/2026


El portón principal de la Universidad Autónoma Chapingo permanece cerrado. Las banderas rojinegras ondean apenas con el viento de la mañana del 20 de marzo. No hay consignas. No hay voces. No hay nadie.

A lo largo del día, y también en la tarde y la noche, la escena se repite. Los accesos —principales y secundarios— lucen bloqueados, pero vacíos. Ningún integrante del Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad Autónoma Chapingo custodia las entradas. No hay guardias, ni comisiones, ni grupos organizados. Solo silencio.

El recorrido continúa el 21 y 22 de marzo. La imagen no cambia. Chapingo sigue detenida, pero también sola.

“Es raro… nunca habíamos visto algo así”, comenta un estudiante mientras observa la reja cerrada. A su lado, un profesor coincide: “Parece que la universidad quedó abandonada”. Ambos, como otros consultados, utilizan el mismo término: “huelga fantasma”.

En los pasillos vacíos —vistos desde las rejas— no hay movimiento. La ausencia pesa más que cualquier consigna. Según los testimonios, tras colocar las banderas rojinegras, los académicos se retiraron. “Se fueron a sus casas”, dice otro alumno, con tono entre incredulidad y molestia.

La decisión de ir a huelga, recuerdan, no fue contundente: 324 votos a favor contra 318 en contra. Una diferencia mínima que hoy, consideran, se refleja en la fragilidad del movimiento.

“La universidad quedó sola”, repiten. Y en esa soledad, miles de estudiantes e investigadores ven interrumpidas sus actividades. No hay clases, no hay laboratorios, no hay investigación. Solo puertas cerradas.

Con el paso de las horas, la percepción se endurece. Lo que al inicio era desconcierto, se transforma en crítica. “No hay compromiso”, señala un docente. “Ni con los estudiantes, ni con la academia, ni con las propias demandas”.

Al caer la noche, Chapingo permanece igual: inmóvil, silenciosa, ajena incluso a la protesta que dice sostenerla.

Para quienes observan desde fuera, la escena resulta más que inusual. Una huelga sin huelguistas. Un paro sin presencia. Una universidad detenida… pero sin nadie que la defienda.

serieys@hotmail.com