Francisco Reséndiz
Mientras en el Senado de la República el Partido Verde camina alineado con Palacio Nacional y Morena en el Plan B de la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, el Partido del Trabajo vuelve a hacer lo que mejor le ha salido en el año: tensar la cuerda al interior del oficialismo desde la posición de poder que el propio lopezobradorismo le dio.
Este no es un episodio menor. La falta de acuerdos entre Morena y el PT en la Cámara Alta podría ser, potencialmente, la antesala de la segunda derrota legislativa para el oficialismo en la construcción de una reforma electoral, y una señal clara de que las alianzas que sostienen al régimen no son tan monolíticas como se pretende.
Anoche, en el Senado, Morena no tenía garantizado el respaldo del PT en temas que requieren mayoría calificada —dos terceras partes del pleno— para modificar la Constitución: empatar la consulta de revocación de mandato con la elección de 2027, reducir el financiamiento a congresos locales y cabildos, y someter lo electoral a consulta popular.
El mensaje es claro: sin el PT, no hay reforma constitucional posible. Y eso reconfigura el tablero. El tema se irá a después de Semana Santa, pero no por estrategia legislativa ni por cálculo parlamentario fino, sino por falta de acuerdos políticos de Morena con sus propios aliados.
En Palacio Nacional —me aseguran— ya no se trata sólo de votos, sino de compromiso con el proyecto de lo que han llamado el segundo piso de la Cuarta Transformación. Es decir, la consolidación del cambio de régimen. Y en ese punto, hay incomodidad creciente con el petismo.
Pero ahí es donde la ecuación se complica. Porque lo que para Morena es disciplina de bloque, para el PT empieza a ser identidad política. Y esa diferencia no es menor. Es, de hecho, el origen de la tensión actual. Y entonces surgen las preguntas incómodas:
¿Palacio Nacional perdió la confianza en su aliado?
¿El PT rompió el principio de acompañamiento incondicional a la presidenta Sheinbaum?
¿Estamos frente a una negociación anticipada rumbo a 2027?
¿O es el inicio del fin de la alianza entre el PT y el lopezobradorismo?
Hay, al menos, tres capas de lectura que ayudan a entender lo que está ocurriendo.
La primera es ideológica. Un sector del PT considera incongruente que la Presidenta aparezca en la boleta el mismo día que se renovarán 17 gubernaturas, 500 diputaciones y miles de presidencias municipales y sus cabildos. Para una izquierda que históricamente denunció la intervención presidencial en los procesos electorales, el planteamiento no es menor.
En esa lógica, el PT intenta reivindicar una narrativa de congruencia que, en el fondo, también le permite diferenciarse de Morena sin romper formalmente la alianza.
La segunda es pragmática. El PT tiene presencia en los 32 congresos estatales y gobierna en decenas de municipios. Cada diputación, cada regiduría, cada espacio… representa presupuesto, control territorial e influencia política. Reducir eso no es una decisión ideológica. Es una decisión de poder. Y en política, el poder no se cede sin negociación.
La tercera es estratégica. El PT sabe algo que ya demostró en los hechos: sus votos no valen por su tamaño, sino por su posición. Es un partido bisagra. Y como tal, no acompaña, condiciona. No sigue, negocia. Su fuerza no está en su número de legisladores, sino en el momento en el que decide usarlos.
Por eso, dentro de Morena empieza a crecer la percepción de que el PT se ha convertido en un aliado incómodo para la consolidación del proyecto de la 4T. Un socio que ya no garantiza disciplina automática, sino cálculo político propio. Peor desde el propio PT su comportamiento se asume como el de un partido con autonomía, historia e identidad propias.
El problema es que esa autonomía ha sido posible, en buena medida, gracias a la fuerza electoral de Morena, que en los últimos siete años le ha dado acceso a más de 4 mil millones de pesos en prerrogativas públicas, sin contar las posiciones de poder que ha alcanzado: gubernaturas, senadurías, diputaciones federales y locales, así como presidencias municipales y regidurías.
Ahí está el conflicto central: El PT reclama independencia…
pero su crecimiento está íntimamente ligado al arrastre electoral de Morena. Y eso coloca a ambos en una relación compleja: de dependencia mutua, pero de desconfianza creciente. Porque si algo quedó claro en el fracaso de la reforma electoral en San Lázaro, es que los aliados también pueden convertirse en veto. Y hoy, en el Senado, ese veto tiene nombre.
Así, el PT seguirá negociando con Morena y con Palacio Nacional desde una posición de poder que el propio lopezobradorismo le dio. Y lo hará con la mirada puesta no en la coyuntura inmediata, sino en la configuración del poder rumbo a 2027 y en el camino hacia el 2030.
RADAR
INFORME. Desde Tamaulipas, el gobernador Américo Villarreal aprovechó su Cuarto Informe de Gobierno para alinearse con el discurso central del oficialismo: el humanismo como eje de transformación.
Ante unas 4 mil personas, sostuvo que su administración ha buscado cerrar brechas sociales y acompañar a quienes más lo necesitan, en sintonía con el proyecto nacional impulsado primero por Andrés Manuel López Obrador y ahora por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Puso énfasis en que Tamaulipas ha asumido la visión humanista con todo compromiso y responsabilidad, pero también como parte de un movimiento con un proyecto nacional que hoy tiene rumbo y un profundo sentido social.
«Ahí está la esencia de este gobierno, lo que hemos perseguido por tres años y medio y donde vamos a seguir con firmeza, con responsabilidad, con un profundo sentido humanista y con la fuerza de la esperanza, en que el esfuerzo del trabajo diario tiene sentido, ese sentido que nos dice que lo que hacemos es bueno y que permitirá a nuestros hijos e hijas y nietos tener un mejor futuro del que a nosotros nos tocó iniciar».
Más allá del mensaje, lo relevante es el momento: en medio de tensiones legislativas y ajustes de alianzas, los gobiernos estatales comienzan a reforzar públicamente su pertenencia al proyecto nacional de la 4T. No es casual, es un cierre de filas.

