La Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx) dio un paso significativo al impulsar el diálogo entre cultura, identidad y expresión corporal. A través de su Facultad de Antropología, la institución fue sede de una ponencia-taller que puso en el centro a la capoeira y al ballroom, dos manifestaciones culturales que, aunque provienen de contextos históricos distintos, convergen en un mismo propósito: la construcción de comunidad y la visibilización de identidades diversas.

La actividad se realizó en el marco de la Tercera Jornada de Estudios Trans, titulada “Transitar la mirada: arte, cultura y representación trans”, un espacio académico y cultural diseñado para fomentar el respeto, el intercambio de ideas y la inclusión dentro del entorno universitario. En este escenario, estudiantes, académicos y participantes externos tuvieron la oportunidad de acercarse no solo a los fundamentos teóricos de estas prácticas, sino también a su dimensión vivencial.

Lía Alejandra, artista escénica, performer e integrante activa de estos espacios colectivos, encabezó el taller con una propuesta que combinó reflexión y práctica. Durante su intervención, explicó que el objetivo principal fue compartir el origen, el significado y la presencia contemporánea de la capoeira y el ballroom en el Valle de Toluca, subrayando su importancia como plataformas de representación y convivencia.

“La finalidad principal es la visibilidad y la representación”, expresó, al tiempo que enfatizó que, pese a que ambas comunidades tienen una trayectoria consolidada en la región, aún enfrentan desafíos importantes para ampliar su alcance. En ese sentido, destacó la necesidad de generar condiciones que permitan el acceso de más personas, especialmente de aquellas que históricamente han sido marginadas.

La capoeira, explicó, es mucho más que una disciplina física. Se trata de una práctica que integra arte marcial, deporte, música y expresión cultural, con raíces profundas en la resistencia de comunidades afrodescendientes en Brasil. Su historia está marcada por la lucha contra la opresión, lo que la convierte en una herramienta simbólica de resiliencia y organización colectiva.

Por otro lado, el ballroom emerge desde un contexto completamente distinto, pero igualmente significativo. Nacido en espacios de disidencia sexogenérica, este movimiento se ha consolidado como una escena vibrante de encuentro, performance y expresión para personas LGBT+. En sus pasarelas y competencias, conocidas como “balls”, se celebran identidades, cuerpos y narrativas que durante mucho tiempo han sido invisibilizadas.

Ambas expresiones, aunque separadas por geografía e ისტორia, coinciden en su capacidad para generar comunidad. En el taller, esta conexión se hizo evidente a través de dinámicas participativas que permitieron a los asistentes experimentar el movimiento, el ritmo y la energía colectiva que caracterizan tanto a la capoeira como al ballroom.

Más allá del aprendizaje técnico, el evento tuvo un enfoque claro: la creación de espacios seguros dentro de la universidad. Lía Alejandra subrayó que este tipo de iniciativas son fundamentales para garantizar que todas las personas, independientemente de su identidad de género u orientación sexual, puedan habitar plenamente la vida universitaria.

En este sentido, hizo un llamado a las instituciones educativas para asumir un rol activo en la promoción de la inclusión. Esto implica no solo generar actividades culturales, sino también implementar estrategias de información, mediación ante situaciones de violencia y apertura de espacios donde las diversidades sean reconocidas y respetadas.

La relevancia de este tipo de encuentros radica en su capacidad para transformar percepciones. Al acercar a la comunidad universitaria a realidades distintas, se fomenta la empatía y se cuestionan estructuras de exclusión que aún persisten en distintos ámbitos sociales.

“Que hagamos comunidad a partir de estos encuentros, de experiencias distintas, de quienes somos, y que encontremos en las diferencias de las otras personas una posibilidad para crecer”, concluyó la ponente, sintetizando el espíritu de una jornada que apostó por el diálogo, el respeto y la construcción colectiva.