El senador Félix Salgado Macedonio lanzó un abierto cuestionamiento contra la dirigencia nacional de Morena y, en particular, contra Luisa María Alcalde, al denunciar lo que calificó como una evidente incongruencia en la aplicación del discurso contra el nepotismo dentro del partido en el poder.

Con un tono frontal, Salgado Macedonio acusó que mientras a él se le impide aspirar a una candidatura debido a que su hija ocupa actualmente un cargo público —en referencia a la gubernatura de Guerrero—, otros perfiles dentro del movimiento mantienen a familiares en posiciones de poder sin que ello represente sanción o restricción alguna.

El señalamiento no es menor. Morena ha construido buena parte de su narrativa política sobre el combate a viejas prácticas del sistema, entre ellas el nepotismo; sin embargo, los dichos del senador reabren el debate sobre la consistencia interna del partido y la aplicación selectiva de sus propios estatutos.

“Estamos contra el nepotismo, sí, pero hay quienes tienen a toda su familia en el poder”, lanzó, al tiempo que cuestionó el uso de recursos de seguridad pública para proteger a actores políticos, lo que —dijo— contrasta con la supuesta austeridad y rectitud que promueve el movimiento.

A pesar del tono crítico, el legislador reiteró su lealtad a la presidenta Claudia Sheinbaum y a Morena, dejando claro que no romperá con el partido, pero sí exigirá trato equitativo y respeto a su trayectoria política.

El trasfondo de la confrontación revela una tensión más profunda dentro de Morena: la disputa entre el discurso fundacional del movimiento —basado en la ética pública y el rechazo a privilegios— y la realidad de un partido que hoy ejerce el poder y enfrenta señalamientos similares a los que durante años criticó.

Salgado Macedonio apeló incluso al principio central del lopezobradorismo, al sostener que es el pueblo quien decide, no los estatutos ni las dirigencias, colocando así el debate en el terreno político-electoral y anticipando una posible confrontación interna si las reglas del partido continúan aplicándose de manera desigual.

El episodio exhibe fisuras dentro de Morena en un momento clave, donde la definición de candidaturas y el control político del movimiento comienzan a tensar las relaciones internas, poniendo a prueba la coherencia entre discurso y práctica en el partido gobernante.