Desde la infancia, cuando los sueños suelen ser volátiles y cambiantes, Alma María Magdalena Herrera Arciniega tenía una certeza inusual: quería recibir bebés. No se trataba de una idea pasajera ni de un juego infantil, sino de una convicción profunda que con el paso del tiempo se transformaría en una vocación sólida, construida a base de disciplina, esfuerzo y sensibilidad humana. Hoy, esa niña que alguna vez expresó su deseo con inocencia es una especialista en Ginecología y Obstetricia y responsable de esta área en la Clínica Multidisciplinaria de Salud de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx).
Nacida en el entonces Distrito Federal y criada en Tlalpan, Herrera Arciniega creció en el seno de una familia numerosa como la mayor de cinco hermanos. Desde ese entorno, marcado por valores firmes como el compromiso y la responsabilidad, encontró el respaldo necesario para perseguir sus metas. Su formación básica y media en una escuela religiosa fortaleció su disciplina, pero también reafirmó una idea que nunca abandonó: su futuro estaba en la medicina.
“Cuenta mi mamá que desde chiquita yo decía que quería recibir bebés”, recuerda. Esa afirmación, que en muchos casos podría diluirse con los años, en ella se mantuvo intacta. Cuando llegó el momento de elegir una carrera, no hubo dudas ni resistencias familiares. Al contrario, encontró apoyo total en sus padres y hermanos, quienes fueron un pilar constante durante su formación.
El camino hacia la medicina no fue sencillo. Como muchos jóvenes que buscan una oportunidad académica, tuvo que dejar su lugar de origen para trasladarse al Estado de México e ingresar a la Facultad de Medicina de la UAEMéx. A partir de ese momento, inició una etapa de exigencia constante: cinco años de licenciatura, seguidos por el internado y el servicio social, para posteriormente emprender cuatro años más de especialización en Ginecología y Obstetricia en el Hospital de la Mujer.
Fueron años de jornadas largas, guardias interminables y sacrificios personales. Sin embargo, lejos de debilitar su determinación, cada desafío reafirmó su compromiso con la profesión. “Siempre tuve claro que debía terminar porque era lo que quería hacer”, señala. Para ella, la medicina no era solo una meta académica, sino una forma de vida.
Su especialidad, explica, no se limita al conocimiento clínico. Implica también una profunda capacidad de empatía, escucha y acompañamiento. En un contexto donde la salud sexual y reproductiva enfrenta múltiples retos, Herrera Arciniega destaca la importancia de comenzar la orientación desde edades tempranas. Las nuevas generaciones, advierte, inician su vida sexual antes que en el pasado, lo que hace indispensable brindar información clara, oportuna y en espacios seguros.
Pero si hay un momento que define su vocación, es el nacimiento. Para ella, cada parto representa una historia única, una suma de emociones que van desde la incertidumbre y el riesgo hasta la alegría del primer llanto. “El agradecimiento de la paciente y las bendiciones que nos dan son experiencias muy significativas para cualquier ginecobstetra”, afirma. En ese instante, asegura, se concentra el sentido más humano de su profesión.
Además de su labor clínica, Herrera Arciniega ha asumido también el compromiso de formar nuevas generaciones como docente en ginecología práctica. Desde el aula, observa con satisfacción cómo cada vez más mujeres se integran al campo de la medicina, un espacio que históricamente estuvo dominado por hombres. Para ella, este cambio representa un avance significativo en la lucha por la equidad.
“Cada vez somos más mujeres luchando por lo que queremos. Estamos superando la condición de ser rezagadas”, sostiene. Su mensaje para las jóvenes interesadas en estudiar medicina es claro y directo: se trata de una profesión exigente, pero profundamente gratificante. “Si lo quieres, lo logras”, enfatiza.
Hoy, su trayectoria no solo es reflejo de una meta cumplida, sino de una vida dedicada al servicio de los demás. Su objetivo es continuar acompañando a sus pacientes, devolver a la UAEMéx lo que le ha brindado y seguir impulsando a quienes comienzan su camino en la medicina.

