Durante más de dos décadas, la periodista mexiquense Veneranda Mendoza Herrera ha construido su nombre entre coberturas legislativas, procesos electorales y la compleja vida política del país. Su historia, marcada por la constancia, la crítica y la resistencia frente a múltiples obstáculos, hoy encuentra un punto de reconocimiento con la entrega de la Presea Estado de México en la categoría de Periodismo e Información “Leona Vicario”, uno de los galardones más importantes que otorga la entidad.
Egresada de la Universidad Autónoma del Estado de México, Mendoza Herrera no siempre tuvo claro que su destino estaría ligado al periodismo. Originaria de Tlalnepantla de Baz, pero criada en el municipio sureño de Tlatlaya, su infancia estuvo profundamente influenciada por el entorno educativo que su madre, profesora rural, llevaba al hogar. Libros, enciclopedias y materiales escolares no solo llenaban los espacios físicos de su casa, sino que sembraron en ella una temprana inclinación por la lectura y la escritura.
“Yo quería ser escritora”, ha reconocido en diversas ocasiones. Sin embargo, la vida la llevó por un camino distinto. Al llegar a Toluca para cursar estudios universitarios, eligió la carrera de Comunicación casi por casualidad. Aunque su primera aspiración eran las Letras, la decisión terminó por convertirse en una revelación personal y profesional. “Me fui enamorando”, admite, recordando ese momento en que la vocación comenzó a tomar forma.
El verdadero punto de inflexión llegó durante sus prácticas profesionales. En un entorno donde muchos estudiantes evitaban la cobertura política por su complejidad y exigencia, Mendoza Herrera decidió adentrarse en ella. Así comenzó una trayectoria de más de 25 años dedicada a documentar y analizar la vida pública del Estado de México y del país.
Lejos de la imagen árida que suele asociarse con la fuente política, la periodista encontró en ella un espacio fértil. “Es una fuente muy bondadosa”, afirma, al destacar que permite no solo visibilidad, sino también la posibilidad de incidir en temas de interés público. Esa dualidad entre exposición y responsabilidad ha sido, quizá, uno de los pilares de su carrera.
No obstante, ejercer el periodismo en México, especialmente desde una postura crítica, ha implicado enfrentar múltiples desafíos. Mendoza Herrera ha vivido episodios de censura, despidos y exclusión de espacios informativos, situaciones que, lejos de detenerla, fortalecieron su convicción profesional. Su historia refleja una realidad compartida por muchos periodistas en el país: la necesidad de resistir para seguir informando.
En paralelo, también ha sido testigo de transformaciones importantes dentro del gremio. Uno de los cambios más significativos ha sido la creciente presencia de mujeres en el periodismo de campo. Si hace dos décadas la cobertura política estaba dominada mayoritariamente por hombres, hoy el panorama es distinto. “Ya somos muchas mujeres reporteando”, señala con énfasis, aunque reconoce que la igualdad de oportunidades aún es una meta pendiente.
El reconocimiento con la Presea Estado de México no fue algo que buscara activamente. De hecho, la periodista confiesa que durante mucho tiempo mantuvo una postura escéptica frente a este tipo de galardones. Fueron sus propios colegas quienes la impulsaron a participar, convencidos de que su trayectoria merecía ser visibilizada.
El resultado no solo la sorprendió, sino que también le permitió reflexionar sobre los cambios institucionales que han hecho posible este tipo de reconocimientos. Mendoza Herrera destaca la apertura y sensibilidad mostrada en esta ocasión, al considerar que se han dejado atrás prácticas que en el pasado limitaban la legitimidad de estos premios.
Al hablar de su oficio, retoma una de las frases más emblemáticas del escritor y periodista Gabriel García Márquez, quien definió el periodismo como “el mejor oficio del mundo”. Para ella, esta idea no es solo una cita, sino una realidad construida a lo largo de años de trabajo, sacrificio y compromiso.
Hoy, con la Presea en sus manos, la historia de Veneranda Mendoza Herrera trasciende el reconocimiento individual. Es también el reflejo de una generación de periodistas que han tenido que abrirse paso en condiciones adversas, y de una nueva ola de mujeres que continúan transformando el oficio.
Su mensaje para quienes comienzan en el periodismo es claro y honesto: no es un camino sencillo. Sin embargo, insiste en que la pasión debe ser el motor que impulse a seguir adelante. En un contexto donde informar puede implicar riesgos, su trayectoria se erige como testimonio de que la perseverancia y la convicción aún tienen un lugar en el ejercicio periodístico.

