En un contexto global marcado por la urgencia de frenar los efectos del cambio climático, surgen historias que demuestran que la innovación y el compromiso social pueden traducirse en soluciones reales. Una de ellas es la de Raúl Domínguez Vences, quien ha dedicado más de 14 años a impulsar un modelo energético sustentable basado en el cultivo de jatrofa no tóxica, una planta con alto potencial para la producción de biocombustibles y la captura de carbono.
Egresado de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), donde se formó como ingeniero agrónomo zootecnista en el Centro Universitario Temascaltepec, Domínguez Vences ha logrado trascender el ámbito académico para llevar sus conocimientos al terreno productivo. Su trabajo no solo representa una apuesta tecnológica, sino también una visión integral que vincula la recuperación ambiental con el desarrollo económico de comunidades rurales.
Al frente de la empresa Bioenergéticos Mexicanos Sustentables, ha estructurado un modelo que integra la producción de biodiésel, bioturbosina y otros energéticos derivados de la jatrofa, una planta perenne, resistente a la sequía y originaria de Mesoamérica. Este cultivo, además de su valor energético, posee la capacidad de regenerar suelos degradados, lo que lo convierte en una herramienta clave frente a los efectos de la degradación ambiental.
El proyecto ha encontrado su principal zona de desarrollo en el sur del Estado de México, donde las condiciones climáticas y del suelo resultan favorables para el crecimiento de la jatrofa. En esta región, Domínguez Vences ha impulsado la producción de plantas y la capacitación técnica de productores locales, integrándolos en cadenas de valor bajo principios de economía circular. Este enfoque no solo promueve la sustentabilidad, sino que también abre oportunidades económicas para comunidades que históricamente han enfrentado limitaciones productivas.
“La Universidad nos brindó las bases necesarias para emprender proyectos con impacto social y ambiental”, ha señalado el ingeniero, reconociendo el papel fundamental de la educación pública en la formación de profesionistas comprometidos con su entorno. Su trayectoria es, en gran medida, un reflejo de cómo la formación académica puede convertirse en motor de transformación social cuando se combina con visión y perseverancia.
Sin embargo, el camino no ha sido sencillo. Durante las primeras etapas del proyecto, la falta de apoyos institucionales representó un obstáculo significativo. A pesar de ello, Domínguez Vences persistió, convencido del potencial de su iniciativa. Con el paso del tiempo, su esfuerzo ha logrado consolidarse como una alternativa viable dentro del sector energético, demostrando que la sustentabilidad puede ser también rentable.
El reconocimiento a esta labor llegó con la Presea Estado de México en la categoría Preservación del Ambiente y la Sostenibilidad de los Recursos Naturales “José Mariano Mociño Suárez Lozada”. Este galardón no solo distingue su trayectoria, sino que también visibiliza la importancia de proyectos que apuestan por un equilibrio entre desarrollo económico y protección ambiental. “Es la confirmación de que la perseverancia puede traducirse en resultados que benefician a la sociedad”, afirmó tras recibir la distinción.
De cara al futuro, el ingeniero plantea ampliar la superficie de cultivo de jatrofa y fortalecer la colaboración con instituciones académicas y sectores productivos. Su objetivo es consolidar un modelo replicable que pueda implementarse en distintas regiones del país, contribuyendo así a la transición energética de México.
No obstante, Domínguez Vences advierte que el mayor desafío no es técnico ni económico, sino cultural. Considera fundamental fortalecer la conciencia social sobre el cuidado del medio ambiente desde la educación básica hasta la formación profesional. Sin este cambio de mentalidad, señala, los esfuerzos tecnológicos y productivos podrían resultar insuficientes frente a la magnitud de la crisis ambiental.

