La creciente tensión en Medio Oriente abre la posibilidad de un escenario de alto riesgo para el comercio y el suministro energético global, ante el temor de que rutas estratégicas como el estrecho de Bab el-Mandeb y el estrecho de Ormuz puedan verse interrumpidas, lo que impactaría de forma inmediata en mercados, precios y cadenas de suministro.
El estrecho de Bab el-Mandeb, ubicado entre Yemen y el cuerno de África, junto con el estrecho de Ormuz, cercano a Irán y Arabia Saudita, concentran una proporción significativa del tránsito global de hidrocarburos. Su eventual cierre simultáneo es considerado un escenario catastrófico, debido a que por estas rutas circula cerca de un tercio del petróleo mundial, además de un porcentaje relevante de gas y fertilizantes.
La situación se agrava por la vulnerabilidad operativa en la región. En el mar Rojo, las navieras han reportado un incremento en los costos de seguros y una reducción significativa en el tránsito marítimo, lo que ha obligado a desviar embarcaciones alrededor de África, incrementando tiempos y costos logísticos. A ello se suma que infraestructuras energéticas estratégicas, como oleoductos en Arabia Saudita, se encuentran dentro del alcance de sistemas armados, lo que eleva el riesgo de interrupciones en la exportación de crudo hacia mercados clave en Asia.
De concretarse una interrupción en ambas rutas, el impacto sería inmediato: incremento en los precios internacionales de la energía, presión inflacionaria global y una competencia más agresiva por recursos limitados. En este contexto, la Unión Europea ya enfrenta una posición vulnerable por su dependencia energética externa, mientras que economías importadoras en distintas regiones podrían resentir mayores costos de abastecimiento.
Para México, las repercusiones podrían manifestarse en un encarecimiento de los combustibles importados, presión sobre la inflación interna y posibles ajustes en la política monetaria. Aunque el país cuenta con producción petrolera propia, su integración a los mercados internacionales implica que choques en los precios globales del crudo y derivados terminen trasladándose al consumidor final, afectando transporte, alimentos y costos industriales, en un entorno económico que podría volverse más incierto y volátil.

