El recrudecimiento de las tensiones en Oriente Medio, particularmente por el cierre del estrecho de Ormuz en el contexto de la confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán, comienza a generar efectos económicos globales con repercusiones directas en México, especialmente en el encarecimiento de fertilizantes y su impacto en la producción agrícola. De acuerdo con información de la Sputnik, el economista Ludwig Álvarez Rengifo advirtió que este escenario compromete el equilibrio económico del país, al depender de insumos estratégicos del exterior.
El especialista detalló que la urea, uno de los fertilizantes más utilizados, registró un incremento del 77% entre diciembre de 2025 y marzo de 2026, lo que representa un golpe directo para el campo mexicano. Este aumento encarece los costos de producción agrícola y anticipa una presión al alza en los precios de alimentos básicos, afectando tanto a productores como a consumidores en el país.
Si bien el alza en los precios del petróleo podría generar ingresos adicionales para México, debido a su condición de productor, el impacto negativo predomina al considerar la dependencia de importaciones de fertilizantes, particularmente desde Rusia. Esta dualidad coloca a la economía mexicana en una posición vulnerable, donde los beneficios energéticos no compensan el encarecimiento de insumos clave para el sector primario.
El estrecho de Ormuz, una de las rutas más estratégicas para el tránsito de petróleo a nivel mundial, se ha convertido en un punto crítico cuya inestabilidad impacta directamente en los costos logísticos y energéticos. Para México, esto se traduce en mayores costos de importación y presión inflacionaria, especialmente en sectores sensibles como el agroalimentario.
Este escenario se suma a una serie de disrupciones acumuladas en el mercado global de fertilizantes desde 2022, tras el conflicto entre Rusia y Ucrania, que alteró las cadenas de suministro y elevó los precios internacionales. En el caso mexicano, la alta dependencia de fertilizantes importados profundiza la vulnerabilidad ante choques externos, lo que podría derivar en un encarecimiento sostenido de alimentos y mayores tensiones económicas internas si el conflicto en Oriente Medio persiste.

