La historia de Diana Sarahi Villalva Cuero emerge como un ejemplo poderoso de cómo la conciencia ecológica puede nacer desde lo local para impactar en lo colectivo. Su labor en favor del bienestar comunitario y la defensa del derecho a un medio ambiente sano le ha valido el reconocimiento con el Premio Mujeres Defensoras de Derechos Humanos 2026, en la categoría Medio Ambiente, Territorio y Bienestar Colectivo, un galardón otorgado por la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (CODHEM) y la Secretaría de las Mujeres del Estado de México.

Originaria de San Cristóbal Tecolit, en el municipio mexiquense de Zinacantepec, Villalva Cuero ha construido su trayectoria a partir de una conexión profunda con la tierra. Desde su infancia, el contacto con el campo marcó su visión del mundo. Creció en una familia dedicada a la agricultura, lo que le permitió comprender, desde temprana edad, la importancia de los recursos naturales y la relación directa entre la tierra, la alimentación y la salud.

Su formación académica en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx), donde cursó la Licenciatura en Gerontología, amplió su perspectiva. Lejos de limitarse al estudio del envejecimiento, Villalva encontró un vínculo clave entre el entorno ambiental y la calidad de vida de las personas adultas mayores. Fue en el diálogo con este sector donde identificó cambios preocupantes: cosechas menos abundantes, alimentos menos nutritivos y un deterioro en la salud asociado al uso de químicos en la agricultura.

Estas observaciones no quedaron en la reflexión. Por el contrario, detonaron una inquietud que se transformó en acción. Junto con su familia, comenzó a experimentar con alternativas sostenibles, lo que derivó en la creación de fertilizantes agroecológicos. Así nació “Quinta Los 3 Ases”, un proyecto que no solo apuesta por prácticas agrícolas responsables, sino que también promueve la economía circular y la educación ambiental en comunidades rurales.

El emprendimiento logró consolidarse gracias al respaldo de programas impulsados por la UAEMéx, que brindaron herramientas para su desarrollo y expansión. A partir de ahí, Villalva Cuero se posicionó como promotora agroecológica, articulando esfuerzos con distintos sectores sociales y fomentando una cultura ambiental basada en la sostenibilidad y el bienestar colectivo.

Sin embargo, el camino no estuvo exento de retos personales. La propia Diana reconoce que enfrentó inseguridades al momento de postularse al premio. Su carácter introvertido representó una barrera inicial, pero el apoyo de su entorno fue determinante para dar el paso. La decisión de participar no solo implicó un acto de valentía individual, sino también el reconocimiento del valor de su trabajo.

El galardón, más allá de un logro personal, simboliza una plataforma para visibilizar el papel de las mujeres en la defensa del medio ambiente, especialmente aquellas que, desde el ámbito rural, sostienen prácticas fundamentales para la vida comunitaria. Villalva Cuero ha enfatizado que su reconocimiento es también una voz colectiva, un eco de las luchas silenciosas que muchas mujeres libran día a día en sus territorios.

Su mensaje final resuena con fuerza: invita a las mujeres a alzar la voz, a ser resilientes y a perseguir sus sueños, recordando que el cuidado del medio ambiente no es una opción, sino una necesidad urgente. En tiempos donde la sostenibilidad se vuelve eje central del desarrollo, historias como la suya no solo inspiran, sino que delinean rutas posibles hacia un futuro más justo y equilibrado.