Por Norberto DE AQUINO
A punto de que se cumpla el primer aniversario del arranque del gobierno de Enrique Peña Nieto, el escenario nacional presenta, especialmente en lo político, un desorden preocupante.
Una de las grandes promesas de campaña, fue el mejorar precisamente, el ambiente político. Se lanzaron compromisos sobre la seguridad y se marcaron señales para el trabajo en el campo de los acuerdos.
A casi doce meses de distancia, es precisamente en ese terreno, en el de lo político y los acuerdos, en donde las fallas saltan por todo el tablero nacional.
Basta una leve mirada a las noticias de las últimas horas, para entender la magnitud del reto.
Si dejamos a un lado lo que es el tema de la violencia derivada del problema del narcotráfico, nos encontramos con las fosas clandestinas en Guerrero, que puede ser parte del tema anterior, pero que no deja de poner a la vista la incapacidad de las autoridades del gobierno local para, siquiera, poder enfrentar un caso como este.
En Michoacán, un nuevo grupo de autodefensas se apodera de una población, deja sentir su “fuerza” y lanza abiertamente, llamados a la lucha contra el poder establecido.
Del mismo modo, la CNTE ha puesto de manifiesto que una cosa es discutir, aprobar y promulgar la reforma educativa y otra, muy distinta, ponerla en marcha. Los maestros simplemente ha colocado al gobierno federal contra las cuerdas, y han logrado que los discursos que plantearon la recuperación del esquema educativo por parte del estado, no fueron más que palabras al viento.
Mientras tanto, en el Distrito Federal la inseguridad sigue viento en popa y en el vecino Estado de México se deja sentir la violencia en Chalco con mensajes sobre lo que es la realidad en la entidad, más allá de los desplantes de los grupos políticos mexiquenses.
A todo esto, tendría por supuesto que ponerse un ejemplo más, que aún cuando muchos podrían
considerarlo fuera de tema, es en realidad una clara demostración de lo que es el desorden político en estos momentos en el país.
Hace unos días se registró un encontronazo entre la Universidad Nacional Autónoma de México y la Comisión Nacional de Derechos Humanos. El pretexto fue una denuncia de una alumna en contra de un maestro. Sin importar la escuela del caso y más allá del hecho en sí, la realidad pone a la vista una etapa de una lucha política que, se quiera aceptar o no, muestra que en el gobierno, algo no camina como es debido.
La CNDH se lanzó en contra de la UNAM. El argumento de que no había hecho nada en contra del maestro es apenas un pretexto para el golpeteo. Todos sabemos que la Universidad no es ministerio público y que por lo tanto, no puede “hacer nada” contra el profesor. Las denuncias estaban hechas, Lo demás es parte de la contienda entre grupos políticos.
Y el objetivo de esa batalla no es otro que el de las posiciones de poder.
Para nadie es un secreto que de uno de los grupos predominantes en la UNAM ha salido la mayor parte de los titulares de la CNDH. Así, habría simplemente que buscar quienes presionan a la Comisión y a quienes la CNDH no escucha para tener más claro el panorama.
Pero el punto en el fondo no es la batalla entre grupos de universitarios por posiciones de “poder”. Lo importante es la facilidad con la que en esa lucha, las instituciones oficiales son saltadas por los intereses de grupos sin que nadie sea capaz de poner orden.
Y pensar que en el caso de la CNDH el gobierno nada tiene que ver, sería por supuesto, ingenuidad.



