Elizabeth Vidal mantiene fija la mirada en la taza de atole; ya terminó su fruta, el arroz y los dos sopes del desayuno que se sirvió en este Comedor Comunitario semiurbano, y recuerda que antes de este programa de la Sedesol, “nos las veíamos duras” para desayunar y comer.
Es una mujer abandonada por su pareja, está embarazada, tiene 28 años y tres hijos de siete, seis y tres años de edad; y recuerda cómo los llevaba a la escuela todas las mañanas, cuando todavía no operaba este programa.
“Antes a lo mejor no era así, o nada más era un vasito de café o té; y ahora pues ya es leche, se pasan a tomar su leche y se van a la escuela, y yo creo que con más energía, porque van bien comidos e igual ya regresan y a la comida”, comenta.
Elizabeth es una de las más de 120 beneficiarias del programa de Comedores Comunitarios, de los cuales en el Estado de México se han instalado 943 en diferentes localidades, de una meta de dos mil.
En ellos se sirve desayuno y comida caliente para más de 96 mil beneficiarios, hasta el momento, a cambio de una cuota de recuperación que se ubica regularmente en cinco pesos, y que no debe exceder los 10 pesos.
Eulalia Armenta Báez es también beneficiaria. A sus 60 años camina con dificultad apoyada por un bastón, vive sola porque su marido la dejó “por otra”, sus cuatro hijos se casaron y “tenían que buscar su vida”, y para pagar la cuota de recuperación de cinco pesos, sale a vender verdura de casa en casa, como hará más tarde, pues “me quedó una lechuga y una col y la voy a salir a vender”.
Reconoce que la instalación de este Comedor le permite una mejor alimentación, pues antes, “en mi casa, si tenía yo, desayunaba, y si no, pues no”, y en el mejor de los casos sólo tomaba café o té y un pan, “porque no tenía yo dinero para leche, ni nada”.
La coordinación interinstitucional dentro de la Cruzada Nacional Contra el Hambre ha permitido que en el Estado de México, del 26 de mayo a la fecha, se hayan abierto 943 Comedores Comunitarios, en 61 municipios, en beneficio de más de 96 mil beneficiarios de las poblaciones de mayor pobreza extrema y carencia alimentaria.
El coordinador estatal de los Comedores Comunitarios de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) en la entidad, Enrique Domínguez, reconoce que se trata de un esfuerzo de coordinación entre los tres órdenes de gobierno, que incluso permite una mayor convivencia entre los beneficiarios.
“Hemos logrado que los comedores no nada más sean un espacio para dar de comer, cumplir con el propósito de que la gente venga, coma y satisface ya una de las carencias dentro de la Cruzada, sino que hemos encontrado en los comedores centros de convivencia, centros de participación y de identidad”, subrayó.
“El comedor se vuelve de los vecinos, lo asumen, se responsabilizan de él y lo cuidan”. Refiere que en ocasiones las personas no pueden pagar la cuota de recuperación, entonces “ayudan con su mano de obra, nos ayudan a lavar los trastes, a limpiar”.
En este Comedor Comunitario no solo se habla de la forma en que ha mejorado la calidad de vida de la población que se encuentra en la mayor pobreza y carencia alimentaria, sino también de historias de superación personal de gente que se encontraba sumida en una depresión y está saliendo adelante.
María Victoria Mendoza es la cocinera que desde las seis de la mañana empieza a preparar el desayuno y termina casi 12 horas después, una vez que terminó la comida y deja el comedor limpio, pero esta actividad le ha permitido salir de una profunda depresión, cuya causa ni ella misma se la explica.
“Yo, la verdad, no sabía qué tenía. No más se me iba en llorar, llorar y dormir. No comía, me tomaba yo el agua y no me caía en el estómago ni el agua ni la comida. Una compañera aquí, que le puse ´mi Ángel´, la señora Cecilia, me hizo el favor de invitarme como voluntaria al comedor”.
Además, reconoce que la labor que se realiza a través de los Comedores es muy buena para la gente que no tiene recursos y aquí “hay niños que, de veras, hasta manchaditos de la cara vienen y ya se compusieron, igual que yo”.
Lo anterior, queda de manifiesto en una breve charla con Cristián Medina Chavero, un pequeño de cuatro años que asegura comer “mucho” tanto en su casa como en el Comedor, al que ha venido “unas poquitas” veces con sus hermanas.
En otro comedor, instalado en la Comunidad de Tepexoxuco, también en Tenango del Valle, la cocinera Juana María Rebollar Soto también se estaba hundiendo en la depresión, a causa del fallecimiento de su hijo, un joven de 23 años, por insuficiencia renal, “y he estado saliendo adelante”.
“En realidad, todo esto a mi me está sirviendo muchísimo, mucho, mucho, como voluntaria. ¿Por qué? porque me está sirviendo en el aspecto de que estoy pensando más en qué voy a hacer de comer, en qué voy a hacer mañana de desayunar, de veras, me está apoyando mucho esto”.
Juana María no oculta la satisfacción que le produce atender a niños, personas de la tercera edad y gente con discapacidad, como Martha, una joven desaliñada que padece retraso mental y todos los días viene a desayunar y comer, y a llevar la comida a su madre, quien recientemente se quedó ciega.
La cocinera recuerda que algunos adultos mayores llegan a tener una “milpita”, y a manera de agradecimiento le llevan calabazas o elotes “y ya lo combinamos con lo que hay aquí”, y rechaza los comentarios de personas que ponen en duda su labor como voluntaria y le dicen que recibe un sueldo o que está perdiendo el tiempo.
“No me importa que me digan que estoy perdiendo el tiempo, no lo estoy perdiendo, sabe por qué, porque veo mucha gente discapacitada, señores de la tercera edad, por esas personas sí me desvelo, por esas personas si me arriesgo y aquí voy a estar mientras me necesiten y mientras sigamos colaborando en esto”, remata.
La Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) ha instalado más de tres mil 200 comedores comunitarios en todo el país, mediante los cuales se ofrece desayuno y comida caliente a más de 348 mil 633 personas diariamente.
Asimismo, la dependencia a cargo de Rosario Robles Berlanga contabiliza 1.75 millones de beneficiarios de la tarjeta SinHambre, mediante la cual se pueden adquirir 14 productos básicos a precios preferenciales en las tiendas de la paraestatal Diconsa.

