Por Norberto DE AQUINO
Miguel Angel Mancera tiene en las manos el debate político que le llevará, sin duda, a ser visto en todo el país. Pero ello no significa que el tema seleccionado, el salario mínimo, no sea socialmente explosivo antes que electoralmente redituable.
El titular del gobierno del Distrito Federal ha visto caer en picada su popularidad. No tiene un programa o proyecto que realmente lo coloque al frente de una corriente política. Y sabe que en las elecciones del año próximo, con la renovación total de las diputaciones federales y locales del DF, además de las delegaciones, el poder que detenta se encuentra en juego.
Entiende además que, de perder esas elecciones, esto es, el control político de ciertos sectores y el económico de otras, dejará atrás cualquier posibilidad de entrar de lleno y con posibilidades a la contienda política del 2018.
Por ello, Mancera parece estar dispuesto a librar la “madre de todas sus batallas” y ha seleccionado el tema de los salarios mínimos.
Presenta datos que son irrebatibles, pero lo hace de una manera tramposa e incompleta. Así, lo que salta a la vista es que la estrategia parece buscar desatar la discusión, para después ampliar la discusión y llegar al verdadero fondo del caso.
No parece lógico que Mancera tenga la idea de que la pobreza se puede acabar sólo con un aumento en los salarios mínimos. Es más, parece ilógico que ni él ni su equipo de economistas, entiendan que el aumento por decreto acaba siempre, por resultar pero que la enfermedad que se quiere remediar.
Por ello, la intensidad de las respuestas hace ver que Mancera tiene algo en la mano que servirá de soporte a su idea de elevar los salarios mínimos.
De entrada, Mancera tendrá que demostrar, si es que puede, que la Comisión de Salarios Mínimos es ya una farsa. Y después, que el estado es el que se ha encargado de manejar el tema de los salarios mínimos con una visión de control político favorable a los empresarios, dañando a los trabajadores.
Después, deberá entrar en la vieja discusión de sí el salario es o no, inflacionario. Y como ahí hay mucho del problema, tendrá que dar una batalla que podría servirle de mucho, pero también costarle muy caro.
Y luego, habrá que tocar el tema de si el trabajo es dentro del proceso económico, un insumo de la producción, esto es, algo que puede consumirse y ya, o es parte del proceso de la producción, lo que nos llevaría a otros niveles de discusión que no se sabe a ciencia cierta si Mancera quiere toca.
En pocas palabras, para hablar realmente de las necesidades del salario y de la terrible pérdida del poder adquisitivo que se ha sufrido en los últimos 30 años, como dice el titular del GDF, lo que se tiene que debatir es el proyecto económico que se aplica en el país.
Y ello no es algo que muchos quieran, ni muchos puedan hacer.
Por lo pronto, Mancera ha iniciado alegato político que necesitaba para buscar la recuperación de su imagen.
Pero hasta el momento, y le guste o no, todo lo que ha hecho el titular del gobierno del Distrito Federal es presentar una idea cargada de demagogia que electoralmente puede rendirle frutos, pero que si llega a desbordarse, creará sólo tensiones sociales difícilmente controlables.
Mancera ha abierto la “caja de Pandora” y hasta el momento el tema la ayuda en sus ambiciones político electorales.
Pero sí se queda sólo en la búsqueda de la simpatía de las clases sociales más dañadas por la situación económica, lo que habrá logrado será enfrentarse a los sectores políticos que suponen que el populismo no es la mejor receta para alcanzar el poder en México.
Y para la mala suerte del señor Mancera, la apuesta al populismo le coloca frente a quienes hasta el momento, tienen la mayor parte del control político en el país.

