Por Norberto DE AQUINO
Con la promulgación de la reforma energética, el gobierno federal colmó sus aspiraciones. Y lleno de optimismo se ha dado a la tarea de presentar a la nación, el panorama cargado de buenas nuevas que nos espera. Sin embargo, la realidad nacional podría no corresponderse con las esperanzas del presidente de la República.
El acto de ayer con el que se crearon las bases para el “nuevo México” fue, como se suponía, un evento destinado a demostrar no sólo el éxito alcanzado, sino las bienaventuranzas que le esperan a la ciudadanía toda.
Pero, por más efectos especiales que se utilizaron para el gran acto con el que la administración federal inicia el camino hacia el futuro, pocos pudieron olvidar que en lo político, las cosas no necesariamente marchan como se podría esperar.
Unas horas antes de la promulgación del paquete de reformas que integran la nueva legislación en materia de energía, cientos de ciudadanos salieron a las calles para mostrar su abierto repudio a sus gobierno. Y lo hicieron de una manera que pone en claro que la tensión política va en aumento. Y que poco o nada, puede hacerse para evitar el crecimiento de la crisis.
En Morelos y en Puebla, con temas similares, pero con el mismo sentimiento en contra de los gobernadores de esas entidades, la sociedad local pidió en todos los tonos, el retiro de los mandatarios y no dejaron ver posibilidades de reconciliación.
En Morelos, el aumento de la violencia que se traduce en homicidios y en secuestros, dio vida a una nueva manifestación en contra de Graco Ramírez. Y en base al incumplimiento de la promesa de campaña de acabar con la delincuencia en 18 meses, y del compromiso de someterse a un referéndum a los dos años de gobierno, los morelenses simplemente exigieron la desaparición de poderes.
La situación política en Morelos es delicada. El gobernador gobierna en “ciertos sectores” y con actos llenos de demagogia, como aquello de los nuevos municipios indígenas. Pero la verdad es que poco a poco, Graco Ramírez ha sido arrinconado por sus propios errores y sus descabelladas promesas de campaña.
En Puebla, Rafael Moreno Valle, no ha podido controlar la crisis provocada por la aplicación de su “Ley Bala” que en San Bernardino Chalchihuapan le costó la vida a un jovencito de 13 años a inicios del mes pasado.
Varios miles de personas marcharon por las calles de la capital del estado, para demandar el retiro del gobernador, al que acusaron de asesino.
Los intentos de Moreno Valle por desviar la atención primero, de lo sucedido y después para acreditar que la responsabilidad de la violencia la tenían los vecinos de la localidad, le han provocado un rechazo generalizado en la entidad.
Perdida la credibilidad, con argumentos que insultan la inteligencia de los poblanos y con la esperanza de que la CNDH le permita evadir la responsabilidad por los sucesos de Chalchihuapan. Moreno Valle vio como la marcha del domingo mostraba la molestia ciudadana en contra de su gobierno.
Con estos sucesos como marco, ¿en realidad el país está en condiciones de iniciar la marcha hacia el futuro? ¿Las reformas puestas en marcha por el presidente de la República pueden encontrar la ruta hacia el éxito cuando los ciudadanos marchan en las calles para demandar la desaparición de poderes en sus entidades?
La realidad parece decir que México camina a dos velocidades. Una de ellas, con el discurso oficial como cimiento, en la que se habla de un futuro cercano lleno de logros y conquistas. Y la otra, llena de tensión social creada por malos gobiernos.
Y el problema es que, esas dos velocidades podrían convertirse en varias más. Y la mayor parte de ellas, de corte negativo.
El optimismo presidencial podría no tener todas las bases que se podrían esperar. Después de todo, es por demás difícil querer caminar por un lado, cuando la sociedad espera resultados en otro.

