El gobierno de Miguel Angel Mancera ha decidido entrar de lleno a la solución de los problemas del transporte en la ciudad de México. Y como gran paso inicial, determinó ordenar ¡el cambio de los colores de los taxis capitalinos!
Con esta decisión, de una trascendencia incuestionable para mejorar el servicio, el gobierno del señor Mancera deja ver sus prioridades en las medidas que deben tomarse para darle a la ciudad capital, por fin, el transporte que tanto reclama.
No se decidió poner orden en el servicio de los autobuses, sucios, peligrosos y sujetos al humor de los conductores. No se tocó el tema del desorden en las tarifas, sujetas también al capricho de los choferes. No, la mejor decisión es la de modificar la imagen de los taxis. Seguramente con ello, los capitalinos encontrarán el servicio por el que tanto claman.
La frivolidad con la que el gobierno del Distrito Federal se conduce es digna de un absoluto reconocimiento.
Fue capaz de manipular encuestas, para poder subir la tarifa del metro, con la promesa de mejorar el servicio, algo que, por supuesto, no ha sucedido. Y difícilmente sucederá de acuerdo a lo prometido.
Maneja cifras sobre la delincuencia que, en el mejor de los casos, van reñidas con una realidad que, para los capitalinos es cada día más apremiante.
Las autoridades del Distrito Federal pelean, al menos en imagen, por un aumento en el salario mínimo, pero en la práctica atacan a los ciudadanos en todas las oportunidades que se les presentan.
Así, no pierden ocasión para sancionar a sus gobernadores. Que si los inmovilizadores, que si los parquímetros, que si las vías de paga, que los aumentos en el metro, que el alcoholímetro, y ello para no hablar de los costos en tiempo y dinero que significan los trámites en las oficinas de gobierno, con en el caso de los cobros por agua o el emblemático trámite para alcanzar la nueva tarjeta de circulación.
Dentro de esa enorme estrategia destinada a exprimir recursos a los ciudadanos de la capital, ahora se anuncia, con bombo y platillo, el cambio de colores para los taxis. Se realizará por etapas. Y los costos seguramente, variarán, pero siempre correrán a cargo de los propietarios, como es lógico.
Pero más tarde o más temprano, esto nos llevará a un ajuste en las tarifas. Después de todo, un gobierno que pelea por un salario mínimo adecuado, tendrá que reconocer que los conductores de taxis también requieren de un ingreso mejor. Y como el gasto en pintura les llevará a gastos extras, entonces, será el usuario el que deberá reponer todos esos gastos.
Pero la pregunta clave es sin lugar a dudas ¿con esto se remedia el problema del transporte en la ciudad? ¿Cambiar el color en los taxis llevará al Distrito Federal a contar con un transporte limpio, puntual, seguro y suficiente?
¿No hay problemas más importantes que resolver en la ciudad? ¿Modificar el color de los taxis dará seguridad a los usuarios?
El gobierno alegará en su momento, que con esto se acabarán los taxis piratas y se detectarán irregularidades en ese sector.
¿Pero entonces, no tendrían primero que explicar cómo es que a un gobierno tan eficiente como el perredista se le colaron los piratas y las irregularidades? ¿No con esto se acepta que existe un problema de corrupción muy serio en todo lo que es el gobierno capitalino?
El señor Mancera ha dado un paso vital para mejorar el transporte en la ciudad. El problema es que esa “solución” no tendrá efectos en áreas como el de la violencia, la vialidad, el transporte y la incapacidad que paso a paso, dejan ver las autoridades que él encabeza.


