norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

César Camacho intentó aparecer como un gran líder político, y pretendió tener la versión priísta de las tablas de la ley. Tenía casi cinco millones de firmas para promover la desaparición de un buen número de diputados y senadores plurinominales. Estaba radiante, como si dentro de las cajas que entregó en el senado se encontrara el final de todos los problemas de la República.

César Camacho intentó llevar el debate político por una ruta diferente. El problema es tener firmas a la mano. La solución llega en automático. Y así, si el PRI puede reunir más firmas que “otros”, es por la simple y sencilla razón de que cuenta con más apoyo ciudadano.

Pero la realidad difícilmente respaldaría al dirigente priísta. Es más, hay muchas interrogantes sobre lo que plantea el PRI. Y la principal de ellas radica en el hecho de saber, a ciencia cierta, si la desaparición de la representación proporcional realmente fortalece a la democracia.

César Camacho no ha participado del debate real. Ha lanzado su cruzada y como político obediente que es, se lanzó a la conquista de las metas planteadas sin medir nada más que lo programado.

Pero en su accionar no parece tampoco, haber medido los efectos.

Primero, es obvio que eliminar la representación proporcional no ayuda a la democracia. En todo caso, habría que cambiar los instrumentos de elección y dar vida a un sistema en el que esa representación fuera el eje del sistema y no sólo el complemento.

Eliminar la representación proporcional dice quien ganó, pero no dice nada en favor de los grupos que no vencieron. Y ello no necesariamente es bueno. Después de todo, la mayoría queda fuera de la participación en este caso, legislativa.

Por otro lado, y discursos aparte, es obvio que el PRI tiene más interés en “controlar” y desvirtuar la consulta en materia energética, que en impulsar la propia. Camacho parece ser una pieza que puede ser desgastada, si a cambio se logra que en la Corte todas las consultas se vengan por tierra.

Del mismo modo Camacho nos obliga, a querer o no, a pensar en el 2012.

El PRI actual, gracias por supuesto a la brillante gestión del mexiquense, presume de haber conseguido sus casi cinco millones de firmas en “apenas 18 días”, lo que arroja un ritmo de recaudación de rúbricas en realidad impresionante. Algo así como 250 mil firmas por día.

Pero también, obliga a pensar en las causas por las cuales ese mismo priísmo hoy tan efectivo, no logró convencer con el mismo resultado, a los votantes en la pasa elección presidencial.

Enrique Peña Nieto logró algo más de 19 millones de votos. Le siguió AMLO con poco más de tres millones de sufragios de distancia. Del PAN ni siquiera vale la pena hablar.

La campaña presidencial duró meses. Implicó movilización y gastos. Y la distancia entre el vencedor y el segundo lugar no se compara con el efecto alcanzado por la idea de eliminar a los plurinominales.

Dicho de otra manera, o César Camacho es capaz de movilizaciones impactantes e inmediatas, o en la pasada campaña presidencial el priísmo no tenía una oferta siquiera semejante a la que hoy respaldan.

Debe recordarse también, que en esa campaña, el PRI tenía candidatos en todos los niveles. Y que sin embargo, registró menos votos que sus rivales sumados.

Y ello nos conduce, de nueva cuenta, al valor de la representación proporcional. ¿En estos momentos, bajo las condiciones actuales, es posible dejar fuera de la representación a los grupos que no logran la victoria por mayoría?

El debate ni siquiera se llevó al cabo.

Pero César Camacho no parece querer ese debate. Parece mucho más preocupado por evitar que el proceso de consulta sobre la consulta energética pueda llevarse a la práctica.