La irresponsabilidad de Grupo México no parece necesitar más pruebas. El estilo empresarial de Germán Larrea, fincado en la impunidad, no amerita mayores datos. Falta conocer la decisión final del gobierno federal en todo este caso. Pero sea cual sea, podría ser incompleto. Y por ello, peligroso.
Es obvio que el caso del derrame de tóxicos sobre ríos en Sonora le ha permitido al gobierno dar vida a una estrategia que, entre otras muchas cosas, pueda conducir a un marco legal adecuado para hacer frente a la llegada de capitales foráneos deseosos de participar en la explotación de los recursos energéticos nacionales.
La nueva falla de Grupo México ha permitido que esa estrategia cobre velocidad. Además de que permitirá al gobierno federal aparecer como “firme y decidido” a la hora de aplicar la ley a quienes abusen del famoso uso de suelo.
De esta manera, Germán Larrea, además de pagar por algo de lo mucho que le deba a la Nación, servirá de ejemplo que deberán tener en cuenta todos los empresarios que a partir de la reforma energética, busquen obtener beneficios de los recursos nacionales.
Por supuesto, nadie duda de la culpabilidad de Grupo México. Ni de un historial que muestra con toda claridad, las muchas tropelías cometidas en contra de poblaciones y trabajadores, por es empresa.
Es imposible negar las violaciones a la ley laboral. O el daño causado al medio ambiente. O la forma en que se ha alterado la forma de vida en las poblaciones que tienen la mala fortuna de tener recursos naturales que son explotados por las empresas de Germán Larrea.
Sin embargo, y aún en el supuesto de que finalmente se tomen medidas verdaderamente ejemplares en su contra por lo sucedido en Sonora, el ejemplo que quiere dar el gobierno sería, en el mejor de los casos incompleto.
Y lo sería por la simple y sencilla razón de que Germán Larrea no llegó al punto en el que se encuentra sin tener aliados en el gobierno federal. Y en tanto eso no se tome en cuenta, todo mundo
sabrá que que la dureza del gobierno tendrá un límite. Y sólo será cuestión de buscarlo para poder burlar el nuevo marco legal, por sólido que se quiera hacer creer que será.
Nadie, con seriedad, puede afirmar que no se sabía en el gobierno, todo lo que hacía Germán Larrea. Nadie, realmente, puede pensar que las sistemáticas violaciones a la ley laboral no eran del conocimiento de las autoridades.
Así, los sucesos en Sonora tiene, se acepte o no, responsables en el gobierno federal. Ya sea por comisión, ya por omisión.
Germán Larrea se convirtió en noticia tras la tragedia en pasta de Conchos, en la parte final de la administración de Vicente Fox y principios del sexenio de Felipe Calderón. Todo mundo conoció el marco que sirvió para que el desastre alcanzara las dimensiones reconocidas.
Y nadie hizo nada.
Es imposible suponer que las autoridades del actual gobierno no sabían nada del Grupo México y sus actividades. Y por lo tanto, resulta complicado aceptar que un gobierno que se comprometió a combatir a los “grupos fácticos”, no pusiera atención a las actividades de uno de los más poderosos de esos grupos.
Es difícil imaginar que una inspección de rutina, realizada con seriedad, no hubiera podido determinar con tiempo para prevenir el desastre, los riesgos que se corrían en la minera que ha contaminado los ríos en Sonora.
Y ello sólo para mencionar el ejemplo más simple de todos. Quedan las inspecciones sobre el equipo con el que trabajan los mineros, los servicios sociales y por supuesto, los salarios. Todo como parte de las responsabilidades de la autoridad que hoy se dice molesta y sorprendida por lo sucedido.
El clamor en contra de Grupo México es más que justificado. Pero las sanciones no pueden quedarse sólo en la irresponsabilidad de los empresarios.
Falta saber qué hizo y que no hizo el gobierno. O los gobiernos. Y tomar acciones adecuadas.
De otro modo, todos los que inviertan en México gracias a la reforma energética, sabrán que a pesar de las nuevas leyes, las oportunidades de hacer negocios en nuestro país son aún, enormes.


