norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

En tanto los índices de violencia en el país registran un aumento serio y preocupante, y entidades como Guerrero y Oaxaca se deshacen sumidos en la ingobernabilidad y las estrategias de seguridad simplemente no caminan, la Secretaría de Gobernación festeja en todo lo alto, la brillante “victoria política” alcanzada por Miguel Angel Osorio Chong, al resolver “en treinta minutos” el conflicto del IPN.

Los elogios son descomunales. Por fin, se dice, hay política en el gobierno. De manera inédita, se añade, se trabajó con talento ante un problema estudiantil. De manera generalizada, las alabanzas. Y claro está, las apuestas para el futuro. Ya hay “candidato” para el 2018. Poco importa que el actual gobierno aún no cumpla ni siquiera el primer tercio de su mandato.

Pero como siempre sucede, las “grandes victorias” dejan muchas dudas, especialmente cuando se logran en política.

De primer año, es aquello de que “la unanimidad en política no existe. Y cuando se registra, es peligrosa”. Así, las primeras dudas tienen que ver con la forma en que los estudiantes del IPN decidieron marchar rumbo a Gobernación, cuando es obvio que su conflicto tenía los resortes de control en la SEP.

Ahí nace la nueva duda. Al “resolver” el conflicto con los jóvenes del IPN, ¿la Secretaría de Gobernación oficialmente nos anuncia que la Secretaría de Educación no es más el camino para tratar nada del sector? ¿Esto incluiría todo o que aún resta por aplicarse en torno a la reforma educativa? ¿Este evento significa que la presencia de Emilio Chuayffet en el gabinete no pasa ya de ser algo meramente simbólico? ¿Es de suponerse que su retiro está próximo?

Las cosas no quedan ahí. Una cosa es recibir y leer un pliego petitorio y darle cabal cumplimiento a las demandas y otra, muy diferente, que ello signifique resolver un problema.

Es obvio que el documento de “cambios” en el IPN tenía un objetivo. Y éste pudo haber sido

educativo o político. O ambos. Pero ¿no tendría que haberse analizado a fondo la propuesta? ¿Resultaba tan mala que sin más, el gobierno la derribó junto con la cabeza de la directora del IPN?

¿Es aceptable la idea de que nadie en el gobierno, como no fueran las autoridades del IPN, conocía el trabajo que se planeaba realizar en el Instituto? ¿Cuándo se enteró, por ejemplo, la Secretaría de Gobernación? ¿No sabían de los impactos que el cambio que se buscaba podría provocar?

Si el discurso del gobierno es en favor de la educación de calidad y la reforma educativa tenía esa meta como principal objetivo ¿qué es lo que querían las exautoridades del IPN que resultaba tal malo y que no se ha explicado debidamente?

Finalmente, a partir de ahora ¿todas las manifestaciones tienen que dirigirse a Gobernación, colocar un templete y demandar la presencia de Miguel Angel Osorio Chong quien “resolverá” las demandas en treinta minutos?

Y Cuando el Secretario no salga o cuando no se cumplan todas las demandas ¿qué pasará?

A partir de ahora ¿todos los funcionarios, son sólo en el sector educativo tendrán que esperar que el “virtual candidato presidencial” decida qué sí y qué no?

Miguel Angel Osorio mostró habilidad política al dialogar con los estudiantes. Es obvio que logró detener el problema. Pero ¿resolvió el problema? Por supuesto que no.

El IPN se aleja de las posibles reformas que le podrían llevar a la modernización educativa que tanto se pregona desde el gobierno.

Ganó tiempo y popularidad. Y ello nadie lo niega. El problema radica en saber si ello es suficiente para, primero, resolver realmente el problema. Y después, para consolidar sus evidentes aspiraciones políticas rumbo al 2018.