norberto-de-aquinoPor Norberto DE AQUINO

El gobierno federal sabe que necesita aliados. Y sabe que PAN y PRD con la mira puesta en las elecciones del año próximo, venderán caro todos los votos que tienen y que Enrique Peña Nieto necesita para sacar adelante las reformas sobre seguridad. Así, el intento es por reconquistar a los empresarios.

Reuniones en privado y anuncios públicos. Encuentros para replantear las cosas y anuncios para mostrar voluntad de cambio. Las necesidades son muchas, el tiempo poco y la urgencia extrema.

Difícil saber qué es lo que el presidente acordó o propuso, a los hombres del dinero. Pero es claro que la tormenta que enfrenta el gobierno es de tal magnitud que se requiere de todo el apoyo que se pueda lograr. Especialmente de parte de quienes, de muchas maneras, pueden provocar problemas más serios.

Pero el hecho de que el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, deje ver que en el 2016 “podrían” bajar los impuestos, es una oferta de gran calado que, por supuesto, llamará la atención de los dueños del dinero.

Videgaray sabe que para el año próximo no puede hacer gran cosa. Pero sí puede modificar algunos puntos que, sin ser pequeños, si le sirvan al empresariado como clara señal del cambio de actitud del gobierno.

Y este cambio de actitud no es gratuito. Es por supuesto, una de las medidas que pasan a formar parte del paquete de reformas que intenta el gobierno para resistir la crisis. Un cambio que sin tener que llegar a las leyes, si tiene un alto impacto político.

En el 2016 se llevará al presupuesto el cambio. Pero ahora, lo que se quiere es la alianza.

Y esa alianza tiene su razón de ser en la propia iniciativa del presidente para cambiar la forma en que se lucha contra la delincuencia y la inseguridad.

De acuerdo con el secretario de Gobernación. Miguel Angel Osorio Chong, cambiar las policías municipales para convertirlas en agrupaciones estatales le tomará al país al menos dos años. Esto es, dos años más para que el fenómeno de la inseguridad pase a límites de control claros y reconocidos.

Y estos dos años que requiere el proceso, no pueden mantenerse en el nivel actual. Urge que la sociedad reciba algo a cambio. Algo más que promesas y discursos.

Y ese algo más tiene que estar ubicado en el bolsillo de los ciudadanos.

El gobierno se había colocado frente a los empresarios. Los había tratado de manera dura y les había dejado ver que la etapa de los privilegios había terminado.

Pero los actos de corrupción y las torpezas en los negocios, llevaron a los empresarios a entender que había favoritos y no favoritos. Y protestaron.

Al mismo tiempo, la inseguridad se desbordó gracias a Tlatlaya e Iguala y la pérdida de confianza y liderazgo fue total después de la Casa Blanca.

Resultaba entonces imposible mantener las cosas sin cambios. Violencia, inseguridad, pérdida de confianza y caída dramática en la imagen resultaba una combinación muy peligrosa en el inicio de un proceso electoral federal.

El gobierno sabe que para el tema de la violencia requiere tiempo. Y tendrá que hacer cambios más tarde o mas temprano. Sabe también que mezclar inseguridad y carencias es jugar con fuego.

Así, cambia el estilo, busca reconciliarse con los empresarios y anuncia bajas en los impuestos y seguramente hará algo más el año próximo.

La seguridad tendrá nuevos tropiezos y tomará tiempo. Pero tiempo es lo que el gobierno no tiene.

Por ello, el cambio de vías. Los empresarios podrían tener en la mano lo que tanto pidieron. Y lo podrían tener en algo más que una victoria.

Pero políticamente, el efecto también es importante. Para el gobierno, lo más importante es la estabilidad financiera. Lo demás es lo demás.