Los políticos en México, especialmente aquellos que desempeñan algún cargo de elección popular, tendrían que entender que la rendición de cuentas es totalmente distinta de la rendición de cuentos, que es a final de cuentas lo que ellos practican y con la que esperan manipular la opinión pública y desviar la atención sobre lo que realmente desarrollan desde sus cargos.
Los políticos con votos como soporte, entienden que se les ha entregado un cheque en blanco. Lanzan promesas de todo tipo y cumplen, cuando lo hacen, sólo en los aspectos que algo le deja para mantener sus carreras y ambiciones.
Y en estos momentos, en los que desde el poder federal se repiten actos, discursos y promesas, a los gobernadores les ha dado por repetir la receta.
Así, si el año pasado Enrique Peña Nieto puso en marcha el programa “nuevo Guerrero”, con una inversión de más de 30 mil millones de pesos, sólo para terminar la semana pasada, con un evento en el que pomposamente, se dio el banderazo para el rescate de Acapulco. La distancia y la diferencia en los hechos son abismales. Pero en los discursos, lo que cambió fue sólo el tiempo. Todo lo demás se mantuvo intacto.
Este ejemplo ha sido tomado por Manuel Velasco, gobernador de Chiapas. Y el tema para su II Informe de Gobierno mantiene la tónica federal. Repetir temas, compromisos y luchar por el aplauso fácil.
Así, el mandatario chiapaneco le dedicó la columna vertebral de su Informe a los indígenas. Y tuvo, como es obligado, una mención especial para el Ejército Zapatista de Libración Nacional, que está a unos días de cumplir 21 años de haber aparecido en el escenario público nacional con una declaratoria de guerra al Estado.
Para el señor Velasco el tiempo parece transcurrir de acuerdo a sus intereses. Y por supuesto, el cargo de gobernador es la plataforma para sus proyectos políticos personales. Nada más.
Así, habló de los pueblos indígenas con los que dijo, se tiene una deuda que sólo se puede pagar con justicia y dignidad.
Y por supuesto, semejante afirmación es cierta. Es más que evidente que los indígenas en nuestro país han sufrido todo tipo de vejaciones sin que la autoridad, en ningún nivel, haya entrado realmente a la lucha por las soluciones con “justicia y dignidad”.
Pero el problema para el gobernador de Chiapas es que, como sucede en el nivel federal, este es un caso en el que se repiten dichos y promesas.
Al momento de tomar posesión del cargo, Manuel Velasco se hizo acompañar por indígenas, de todas las etnias en la entidad, para hacerles un reconocimiento, para hermanarse con ellos y para comprometerse a llevar soluciones reales a sus vidas.
A dos años de distancia, todo lo que se tiene es el mismo discurso, las mismas promesas y los mismos invitados. Pero nada más.
El problema es que, en tanto las “soluciones” para los indígenas aún están en veremos o son sólo medidas que den al gobernador aliento político, el dinero de Chiapas se utiliza en promocionar la imagen de un mandatario que aspira a una candidatura presidencial en el 2018.
Manuel Velasco invierte cantidades enormes de dinero en la promoción de su imagen. El gasto va mucho más allá de las fronteras estatales y cubre buena parte del territorio nacional, en espera de que al paso del tiempo, su imagen sea conocida y reconocida por la mayoría de los mexicanos,
Manuel Velasco supone que puede mantener su relación con los indígenas sin por ello tener que llegar a las soluciones reales de la marginación y la pobreza que les aquejan.
Pero creer que puede engañar a todos, todo el tiempo, es demasiada soberbia.
Si a dos años de iniciado su gobierno todo lo que tiene en la mano es una copia mala y simplista del discurso que pronunció en su toma del poder, la realidad dice que está más cerca de un colapso político, que de una nominación de cualquier tipo.
Pero la realidad dice también, que el ejemplo cunde. Y si a nivel federal se olvidan eventos y compromisos para acomodarlos a la agenda del momento según convenga, resultará difícil entonces, modificar las condiciones estatales.
Especialmente, cuando la ambición política es el eje de todas las decisiones.


